Michael Clayton. Opinión, crítica, reseña.

Valoración ****

Apunte rápido sobre Michael Clayton. Su padre era policía, él, una especie de picapleitos, de chico para todo. Las diferencias entre los dos están en los matices, ambos ilustran la evolución del funcionario ante las metamorfosis del sistema, el tránsito de lo público a los gobiernos del siglo XXI, las grandes corporaciones. Aunque Clayton, en un momento dado, toma la decisión, sino no habría película, de empezar a moverse en otra dirección. A contracorriente, como Jason Bourne, predecesor suyo para películas de acción, con el que comparte su posición de peón rebelde. No hay nada en esta película que no hayamos visto antes. Pertenece a ese tipo de cine para el que su argumento, en este caso las intoxicaciones provocadas por un producto alimentario, no es más que un gran mcguffin. Lo importante es la épica del individuo contra el sistema. Sin embargo en la película de Gilroy no hay demasiado de esa épica. Entonces, ¿Qué es lo que nos ofrece Michael Clayton? Pues paradójicamente eso. Aquí el jaque a las grandes multinacionales, indistintamente de los resultados, se siente más plausible, más cercano, y, por tanto, más desalentador. La mirada de George Clooney (imposible imaginar a otro actor aquí) resulta fatigada, pesarosa, y casi desalentadora. Sabe que es imposible descabezar a la hidra del poder, pero al menos le queda la esperanza de haber dado forma al monólogo apocalíptico con el que Wilkison vislumbra en la locura el sentido de la justicia. Todo el tramo final, exento de un gran clímax, funciona a la perfección como alegoría de este pesimismo. Michael Clayton nunca podrá ganarle el pulso al sistema porque en el fondo, más que le pese, constituye parte ineludible del mismo.

Lo mejor: Su reparto

Lo peor: Me quedo con Bourne.

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Más de Oscar. Juno, No es país para viejos.

Juno. Opinión, crítica, reseña.

Valoración ***

Habrá que dedicarle tiempo algún día a analizar ese desplazamiento que ha llevado a la comedia de sal gruesa y a la comedia adolescente a colocarse una a tan sólo un paso de la otra, gracias a la irrupción que lo nerd ha experimentado en los últimos años, mediante la exploración del inadaptado social, pero también del emocional. La primera consecuencia de todo esto es perniciosa, la asimilación de los rasgos freak como atributo de lo cool para las generaciones MTV, caso de Napoleon Dynamite, pero la siguiente es altamente positiva, el interesante acercamiento del discurso de Todd Solondz, al de, por ejemplo, los Farrelly o Judd Apatow. El movimiento de Michael Cera en apenas unos meses de Supersalidos a Juno ejemplifica los límites en los que nos movemos. Juno es la última comedia indie costumbrista pop, medida para no ofender realmente a nadie. Una película con vocación de lo raro, pero necesidad de integración, que afortunadamente tarda poco en justificar la delimitación marciana de sus personajes, en la intención de estudiar la disfunción emocional a través de lo no integrado. La indulgencia con la que se aborda el tema central en relación a Juno y su entorno deriva en la virtud contrapuesta de colocar en su justa medida los problemas sentimentales de la pareja que quiere adoptar al niño. Lo mejor de la cinta se mueve alrededor de ese tríptico emocional, esencialmente en la relación que Juno mantiene con el padre (adoptivo) de su hijo. Y aunque la película desdiga un poco sus esfuerzos en el último tramo con el tratamiento final de Jason Bateman, es su personaje de rockero fracasado de buena cuna el que mejor ilustra el tema: el doloroso y traumático paso hacia la madurez.

Lo mejor: Ellen Page

Lo peor: Esperaba más de Allison Janney

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– Más de Oscar, No es país para viejos. También Little Miss sunshine

No es país para viejos. Opinión, crítica, reseña.

CONTIENE ALGÚN SPOILER

Valoración ****

A más de uno, leo por ahí, se le han atragantado las secuencias de Tommy Lee Jones en No es país para viejos, sin embargo, se me antoja que quizá sean ellas las que encierren la verdadera carga semántica de la cinta. La mirada lacónica del viejo sheriff le marca las pausas y el tempo a la acción de la película, la cacería entre Bardem y Brolin. La persecución arranca con Brolin apropiándose de 2 millones de dólares que no son suyos, con la legítima intención de hacer feliz a su Carla Jean, aunque sería más preciso afirmar que el inicio lo supone su imprudente necesidad de volver a la escena del crimen para facilitarle agua a un moribundo en un acto de bondad que apenas cabe en esta sofocante historia. A partir de ese desliz es cuando Bardem, transmutación última del mal en las carnes de un asesino, que según Harrelson no posee sentido del humor, aunque parece disponer de uno muy peculiar, le persigue implacablemente por el yermo estado de Texas. Brolin le mira alternativamente el rostro al diablo en una continuum de secuencias sangrientas y elementales, en las que se las arregla para seguir con vida, jugándosela a cara o cruz, en una mezcla de suerte de último momento y fatalismo absoluto.

La precisa puesta en escena de Los Coen, que sostiene casi 90 minutos está brutal versión del juego del ratón y el gato, puede llevarnos a engaño sobre el verdadero duelo de la cinta, por lo que sus autores llegado el momento de la escena de El Paso apuestan por una abrupta elipsis que anula el esperado clímax final. El resultado es traer al primer plano, con encuentro explicitado entre fantasmas en un habitación de motel, el enfrentamiento que realmente da sentido a la cinta, el de Tommy Lee Jones asumiendo la llegada de una nueva ética resumida en la expresión deshumanizada de Bardem, en sus disparos de aire comprimido, propios de los mataderos más sofisticados, y en un sencillo cara o cruz. Es esa moral del azar la última victoria de lo que representa Bardem: la inédita posibilidad de que el mal se perpetúe sin rostro, sólo por la lógica de la fatalidad. Su pregunta, ¿Qué es lo máximo que has perdido a cara o cruz?, se vuelve absolutamente siniestra en cuanto que da lo mismo la respuesta a escoger, puesto que el resultado está inevitablemente marcado mucho antes de lanzar la moneda al aire.

Lo mejor: Todo su reparto

Lo peor: En algún momento la metáfora del título se me hizo más evidente de la cuenta.

Breve análisis 4×02. Confirmed dead, Perdidos

CONTIENE SPOILERS

Muerte confirmada es el título del 4×02 de Perdidos. De lo primero (muertes) sólemos tener bastante en la serie, a veces incluso demasiado, mientras que de lo segundo (confirmaciones) más bien poco. Siendo precisos en este episodio no sé nos confirma ninguna muerte, sino el espejismo de 324 de ellas, la de los pasajeros del vuelo 815 de Oceanic. Historia transversal que periódicos, radios y televisiones amplifican al nivel de tragedia, enmascarando la epopeya que realmente se está vivendo en la isla. Una noticia que devuelve las teorías conspiratorias al primer plano y que aparece como hilo conductor de la presentación del nuevo equipo de rescate, que con un inusual flashback (este es el primero que ocurre tras el accidente) se nos darán a conocer. 4 rescatadores, por cierto, a cada cual más desconcertante. Un físico chiflado que llora sin motivo al enterarse de que han encontrado los restos del avión, un cazanfatasmas fraudulento que quizá venga a exorcizar la cabaña de Jacob, una antropóloga social que, en un giro de tuerca a la iconografía de la serie, encuentra un oso polar en el desierto tunecino, y, por último, el piloto que realmente debería haber conducido el vuelo desde Sidney. Y esto es lo que más me gusta del peculiar rescate, que venga el piloto de verdad a recoger a sus pasajeros, a ver si acaba con el trabajo que su sustituo dejó a medias y se gana el sueldo de aquel día, completando el viaje hasta Los Ángeles, que en su momento no pudo realizar, en una de esas curiosas segundas oportunidades que, de vez en cuando, ofrece la Isla.

Mención especial

  • A la broma de Walt más alto, al riñón de Locke, a la pregunta sobre el humo negro, a que se apueste más por el plano general, y a que los personajes se comporten con más coherencia que en temporadas precedentes

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Análisis 4×01, 3×23, 2×24

Austen y el cine

A la prosa de Jane Austen le gustan las categorizaciones, la clasificación de las relaciones humanas en adjetivos contrapuestos. Estoy pensando en Orgullo y prejuicio, también en Sentido y sensibilidad. Es posible que sus novelas se confundieran hoy día con malas comedias románticas. Mucho hay en ellas de literatura del cotilleo para damas adineradas, aunque por suerte a sus páginas nunca les falte ironía. Sin embargo más allá de eso Austen ofrece virtudes propias; una precisión absoluta para definir a cada personaje, y varios hallazgos sentimentales que trascienden su carácter de novelas para la hora del té.

Entre las múltiples ocasiones que ha sido adaptada a la gran pantalla, una de las últimas, Orgullo y prejuicio, de Joe Wright, brilló con relativa intensidad por ser una agradable versión repleta de ritmo. La interpretación de Keira Knightley, como personaje central, resumía la esencia de la cinta : encantadora y liviana. Ese mismo año, por cierto, vio la luz La joven Jane Austen, pirueta narrativa entre la vida de la novelista y su obra, que, en realidad, no era más que una de esas malas comedias sentimentales de las que arriba hablábamos y encima con ambiciones metaliterarias. Quizá continúe siendo Sentido y Sensibilidad la mejor versión de una de sus obras, por la manera en la que Ang Lee modernizó la pompa inglesa, sin frivolizar jamás el sentido que los británicos conceden a las relaciones. Hay un contrasentido curioso en esta cinta, en lo que se refiere a la relación que se establece entre Marianne y Willoughby. El episodio emocional está narrado con tantísima pasión, sonetos de Shakespeare mediante, que al espectador le resulta tan difícil como a la propia Winslet aceptar la lógica del final, propio de alguien tan conservador como Austen, en el que ella acabará prefiriendo al impasible y aburrido Coronel, en lugar de al imprevisible, atractivo y canalla Willoughby. Un defecto que acaba convirtiéndose en virtud, de esa manera en que a veces las historias no pueden escapar de su genialidad, por la paradoja de que esos minutos acabarán siendo los mejores de la cinta. Supongo que es la consecuencia lógica de colocar la poesía de Shakespeare a la altura de la literatura de Austen.

Y hoy resulta que estrenan Conociendo a Jane Austen.

Otros apuntes literarios.

Clásicos inadaptables y sobre James Ellroy.

Análisis 4×01. The beginning of the end, Perdidos

CONTIENE SPOILERS

Hay en este capítulo, consecuencia inevitable de la finale de la tercera temporada, algo de esa tristeza que esperaba escondida a asaltarnos, una vez que nos hubiéramos recuperado del efecto shock de los últimos 5 minutos de la famosa secuencia del aeropuerto entre Jack y Kate. Algo de esa ansiedad que se escapaba del ¡Tenemos que volver!, pero también algo de la desesperación que subyacía en el aparentemente inútil sacrificio de Charlie. Ambos, héroes de heroicidad frustrada, que al intentar conducir a sus compañeros hacia la liberación los habían colocado a sólo un paso de la condenación. Hay mucho de eso en la que es la mejor escena del episodio, cuando Jack le confiesa a Kate, frente a los restos del naufragio, que parece que ha pasado casi un siglo, desde el día en el que se acercaron ellos dos y el mismo Charlie a la cabina del piloto, preguntándose de qué iba todo esto. Por eso tiene bastante sentido que sea el personaje de Hurley el que encabece esta prémiere. Y eso que, particularmente, su historia no me emociona demasiado. Sin embargo es él, por los motivos que veremos, el único capaz de dar la réplica (y el sentido) a las dos gloriosas gestas que Charlie, en presente, y Jack, en futuro, llevan a cabo ¿inútilmente?. Además de ser el que mejor puede seguir sosteniendo en la cuerda floja el difícil equilibro entre drama y ciencia-ficción, con el que Perdidos lleva 4 años jugándosela. Su demencia es la perfecta coartada para sacar a pasear a todos los fantasmas de la isla, Jack, Christan, Charlie… sin desvelarnos si es la isla la que se manifiesta, o es su locura la que le traiciona.

Hurley se ha convertido en el perfecto médium para los espejismos de la isla, ahora que la propia isla (en el futuro) ha acabado erigiéndose en el mayor espejismo de todos. Sólo hay que fijarse en como los caminos han empezado a diluirse, no sólo en la historia de esos héroes que no saben ni de qué se tienen que liberar, sino también físicamente. Atendamos sino a como todos los personajes, aun estando repartidos por la selva en diferentes grupos, se cruzan justo en el mismo sitio. Y para un episodio que se titula El principio del fin este sitio, paradójicamente, resulta ser frente a la cabina del piloto, allí donde todo empezó.

Lo mejor

  • El contraplano de la cabaña de Jacob
  • La vuelta de Christian Shephard y de Charlie
  • La presencia de los restos del avión
  • Que Hurley tenga su mejor capítulo desde el 1×18, Números

Lo peor

  • Le falta algo de magia para ser un arranque de temporada
  • La música de Giachinno por primera vez me ha puesto nervioso
  • La intro menos trabajada, y aún así está bastante bien, de todas las premiéres.

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Finale de la segunda temporada de Lost, Finale de la tercera temporada de Perdidos,

Un viaje alucinante. Opinión, crítica, reseña…

Un Viaje alucinante es, cuanto menos, una película… curiosa. Un grupo de científicos reduce su tamaño, hasta no llegar a ser ni la milésima parte de lo que eran, y se embarca, literalmente, en una excursión por el interior del cuerpo humano. Es como mezclar la épica de Julio Verne con la lógica de El increíble menguante. Y añadirle algo de Érase una vez el cuerpo humano. Sobre todo esa confianza casi ciega en la medicina: la fantasía de la microcirugía como salvación última. La ciencia se alía aquí con su hipótesis más extrema, la ciencia-ficción. Y ambas se benefician. No hay catastrofismo. Sólo una fantasía sencilla, reconfortantemente ingenua, con apenas una facilona trama de espionaje como coartada. Es como participar de una gran sesión de Imax, o contemplar la más psicodélica de las lámparas de lava a tamaño diez veces el nuestro. Este viaje hacia el centro del cuerpo humano podría ser una aventura precursora de las de Steve Zissou. Y es que mucho tiene Un viaje alucinante de este género. Hay también piratas (los glóbulos blancos) y un océano de plasma, cuyo interior alberga el misterio de la vida. Es como una odisea espacial, sólo que hacia dentro, aunque por momentos nos encontremos navegando por el desconocido planeta de la psique humana. Es cierto que hay un cambio de escala, del espacio exterior a las membranas de nuestro cuerpo. Una reivindicación de la mirada microscópica sobre la telescópica, ante el riesgo de que por mirar lejos dejemos pasar más de una cosa. Sin embargo, lo importante es que tanto en alguna galaxia lejana o navegando por nuestra sangre, las respuestas que buscamos son exactamente las mismas. Sólo se trata de reducir lo infinito (y todas esas preguntas que nos hacemos) al tamaño de una bacteria.

Valoración ***

Lo mejor: La solución de escape final en el ojo.

Lo peor: Me resulta demasiado previsible.