Archivo de la categoría: Series de televisión

Análisis del 4×13, 4×14. There´s no place like home, Perdidos

SPOILERS DE LA FINALE

Atendiendo a las diferencias entre 2 escenas similares de las respectivas finales de la 3ª y la 4ª temporada, podemos intuir el grado del cambio que se ha efectuado en Perdidos en este último año. El doctor Jack Sephard escuchando a Nirvana, en A través del espejo, y, en situación análoga, también más avanzada, a The Pixies, en No hay lugar como el hogar. Aun moviéndonos en el mismo género, hemos cambiado de registro. El desplazamiento nos lleva a los orígenes. Pues no es menor el detalle de que The Pixies era una de las bandas de referencia de la extinta Nirvana. Así que podíamos interpretar esta 4ª temporada como un atípico camino a la verdadera definición de la serie. El traslado de la ciencia ficción del subtexto, a su nueva localización, el contexto. Así los 14 episodios de este año funcionan como la escenificación de esa entrada en el rock duro, del primer acto de fe, para el que los perdidos, especialmente Jack, no tendrán respuesta. Ya lo habíamos intuido en el final de la tercera, ese no era el Jack que venía siendo.

Este año, por fin, hemos visto lo que vio. O mejor dicho lo que no vio. O mejor aún, lo que vio que dejó de ver. La isla desapareciendo ante sus ojos. Excusa suficiente para no mirar a otro lado, más que nada porque con la vista en otro lado tampoco iba a lograr encontrarla. Se entiende ahora mejor la elección de Hurley para abrir esta temporada. Él, el loco, es el único que podía dar sentido a los espejismos de la isla, ahora que ella, literalmente, es el gran espejismo. Y, todo esto, el punto sin retorno de Perdidos, su jump the shark, ha ido de la mano de la transformación de Jack, esa Alicia alcohólica del futuro, que empieza a preguntarse hacia donde va esta aventura. Puede que el resumen de esta finale esté contenida en un ataúd, que antes era un misterio, y que ahora es la magia embalsamada de un cadáver, que quién sabe si es bueno o no, que eche a andar. O puede que todo se trate de dejar de buscar la serie en medio del vacío, como algunos seguimos empeñados, y empezar a hacerlo en sus nuevas coordenadas. Y es que, por lo menos, hay que reconocerles a los guionistas que tienen buen gusto para la música.

Análisis 4×01, 4×02, 4×05, 3×23, 2×24, 4×10, 4×11

Teorías de Lost. De la secuencia (Javilon5). De la Rueda de Buddha (^BadNumber^)

Un nuevo y fundamental blog de series

Y, siempre, Cinempatia.

Breve análisis del 4×11. Cabin Fever, Perdidos

Parece que, casi desde el minuto uno de su existencia, John Locke estuvo condenado a experimentar en carne propia lo que es la claustrofobia. La lista es larga, las incubadoras del hospital, las taquillas en su adolescencia, la silla de ruedas que le impidió durante años… e incluso, para añadirle algo de mala leche al asunto, antes que cazador, Locke se hizo cajero. Así que resulta que el título de este episodio, Cabin Fever, alude en un doble sentido a la misma circunstancia, la llegada de John Locke a la Cabaña de Jacob, quizás el primer espacio cerrado en su vida, en el que no se va a sentir atrapado. Esta cabaña, que no sé si a alguien más le parece el elemento más lynchiano de toda la serie, nos brinda una escena antológica, Christian y Clarie esperando al hombre de fe para tomar el té, discrepar sobre el destino y pasarnos por debajo de la puerta un mensaje de Jacob: Hay que cambiar la isla de sitio. La idea, una ida de olla, tan temeraria como fascinante, posee resonancias mitológicas. Si no hace ni 7 días que andábamos discutiendo sobre el porqué de que Jack quisiera hundir el cielo sobre nuestras cabezas, ahora nos toca preguntarnos cómo Locke va a conseguir cargar una isla entera sobre sus hombros. La respuesta es más sencilla de lo que parece, el peso de toda una placa tectónica no le debe parecer tanto a alguien que ha llevado el cadáver de su padre a la espalda. La cosa, hay que reconocerlo, no deja de tener una ironía sublime. Va a ser el lisiado de esta aventura, el que acabe cargando con todo un continente entero.

Análisis 4×01, 4×02, 4×05, 3×23, 2×24, 4×10

Análisis 4×10. Something nice back home

Hará ya casi cuatro años de que en un maloliente tugurio de Sidney, un neurocirujano de reputada valía le contase a un timador, no menos mujeriego y borracho que él, dos cosas fundamentales para la vida. La primera, que los Red Sox jamás ganarán la liga, porque la gente prefiere sufrir. La segunda, que Australia es conocida como el culo del mundo, porque es lo más cerca que se puede estar del infierno sin llegar a quemarse. Varios días después, el avión en el que iba ese timador de poca monta, acabó estrellándose en una misteriosa isla del pacífico sur, que bien podría pasar por un perfecto purgatorio. En ese mismo vuelo, cosas del destino, iba también el hijo de dicho neurocirujano, otro médico, de aún más renombrado prestigio, incapaz de escapar del fantasma paterno. Con el tiempo el hijo acabó saliendo de la isla. Y terminó el viaje hasta llegar a la, cuidado con el nombre, celestial ciudad de Los Angeles. Allí alcanzó, pese a tanta turbulencia, su something nice back home. O como dice el pirado de su amigo Hurley, esto tiene que ser el cielo, tío. Sin embargo, ya sabemos por los últimos 5 minutos de la tercera temporada, que ese cielo no les sirve para ser felices. Quizá sea a lo que se refiere el mismo timador un episodio antes cuando afirma, que el cielo está a punto de caerse sobre nuestras cabezas. Y eso es lo que literalmente acabará deseando Jack, que el cielo se resquebraje. ¿O no le dice a Kate aquello de que su corazón se acelera, ante la posibilidad de que el avión vuelva a estrellarse?

Este episodio podría contener el perfecto final feliz para Perdidos, de ser esta una serie de finales felices. Jack contándole un cuento a su hijo, redimido como el gran padre de familia que jamás fue su viejo. Un folletín rosa truncado en pesadilla, al descubrirse la trampa de la escena. Jack, involuntariamente, está asumiendo el papel de Christian, al leerle a Aaron, tal como su padre le leía a él. Y para recordárselo, se produce el regreso de ese padre, que ya fue una vez el conejo blanco que lo llevó hasta la isla, y que se dispone a serlo de nuevo. No en vano, en el fragmento que recita Jack, se cuenta cómo Alicia entendió como verdadero lo que había de extraño a su alrededor y se dijo a sí misma. Si nada ha cambiado, entonces la que ha cambiado soy yo. ¿Quién diablos soy ahora?. Esa Alicia es el Jack del futuro. El Jack que ha empezado a creer en los milagros de la isla. Hay algo absolutamente revolucionario en todo esto, supervivientes que no desean ser rescatados, que incluso prefieren volver. Es como si Dorothy hubiese descubierto que Oz puede ser un sitio peligroso, pero a su vez absolutamente hermoso. O como si lograra darse cuenta, al fin, de algo que Jack lee en los periódicos en este mismo episodio: que los Red Sox este año no han ganado la liga. Y que es más que seguro, que tampoco la ganarán al siguiente.

P.D. Casi nadie opina lo mismo por lo que leo, pero para mi uno de los mejores episodios en mucho tiempo.

Análisis 4×01, 4×02, 4×05, 3×23, 2×24

Manson adapta a Lewis Carroll

Tideland. La Alicia retorcida.

Análisis 4×05. The constant, Perdidos.

CONTIENE SPOILERS DEL CAPÍTULO

Episodio 3×08, Flashes before your eyes, Desmond llora desconsolado frente la fotografía que se hizo junto a Penélope el día en que decidieron romper; y es que el escocés acaba de regresar de ese justo instante, sin poder tampoco esta vez evitar caer en el mismo error. La paradoja es sencilla, Desmond está condenado a quedar atrapado por su pasado, ante la certeza de que sólo repitiendo ese fallo podrá conseguir algún día escapar de él. Parece como si necesitara reescribir su pasado en clave heroica, como si quisiera justificar el desprecio de Charles Widmore inventándose un futuro épico en el que acabará salvando a la humanidad pulsando la secuencia 4, 8, 15, 16, 23, 42 en una remota escotilla.

Ahora en el 4×05, The constant, los guionistas vuelven a por más de lo mismo, pero esta vez sin coartadas. Ciencia-ficción pura. No es esto lo que yo quería para Lost, pero he de reconocer que si funciona tan eficazmente como lo hace aquí, no puedo quejarme. Esta vez los viajes en el tiempo sí resultan reales, aunque sean mentales. Mientras que el episodio 3×08 trataba sobre el fatalismo del amor condenado por el implacable determinismo del tiempo, este habla de su supervivencia a través de la memoria, único recurso que nos queda ante la inevitabilidad. Desmond más que viajar al pasado, lo que hace es indagar en sus recuerdos, reales o simulados, hasta dar con el auténtico motivo que le ha mantenido con vida todos esos años, un número de teléfono que ninguna compañía ha dado todavía de baja. Matemática del azar para superar cualquier tipo de frontera. Homero interpretado a través de los postulados de Eisenstein. El héroe griego desmenuzado con ecuaciones de física cuántica. Bendita enfermedad esta de la isla que nos obliga a explorar en los límites de la consciencia la verdadera razón por la que existimos. Después de todo si Desmond olvidara a Penélope, ¿qué sentido habría tenido entonces su odisea? Supongo que la respuesta está en la poética de una vieja fotografía, tomada para inmortalizar un momento que no quiere quedarse quieto, y revelada ante una mente inmaculada que necesita no olvidar lo que un día fue. Eso sí que son viajes en el tiempo.

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Breve análisis 4×02. Confirmed dead, Perdidos

CONTIENE SPOILERS

Muerte confirmada es el título del 4×02 de Perdidos. De lo primero (muertes) sólemos tener bastante en la serie, a veces incluso demasiado, mientras que de lo segundo (confirmaciones) más bien poco. Siendo precisos en este episodio no sé nos confirma ninguna muerte, sino el espejismo de 324 de ellas, la de los pasajeros del vuelo 815 de Oceanic. Historia transversal que periódicos, radios y televisiones amplifican al nivel de tragedia, enmascarando la epopeya que realmente se está vivendo en la isla. Una noticia que devuelve las teorías conspiratorias al primer plano y que aparece como hilo conductor de la presentación del nuevo equipo de rescate, que con un inusual flashback (este es el primero que ocurre tras el accidente) se nos darán a conocer. 4 rescatadores, por cierto, a cada cual más desconcertante. Un físico chiflado que llora sin motivo al enterarse de que han encontrado los restos del avión, un cazanfatasmas fraudulento que quizá venga a exorcizar la cabaña de Jacob, una antropóloga social que, en un giro de tuerca a la iconografía de la serie, encuentra un oso polar en el desierto tunecino, y, por último, el piloto que realmente debería haber conducido el vuelo desde Sidney. Y esto es lo que más me gusta del peculiar rescate, que venga el piloto de verdad a recoger a sus pasajeros, a ver si acaba con el trabajo que su sustituo dejó a medias y se gana el sueldo de aquel día, completando el viaje hasta Los Ángeles, que en su momento no pudo realizar, en una de esas curiosas segundas oportunidades que, de vez en cuando, ofrece la Isla.

Mención especial

  • A la broma de Walt más alto, al riñón de Locke, a la pregunta sobre el humo negro, a que se apueste más por el plano general, y a que los personajes se comporten con más coherencia que en temporadas precedentes

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Análisis 4×01. The beginning of the end, Perdidos

CONTIENE SPOILERS

Hay en este capítulo, consecuencia inevitable de la finale de la tercera temporada, algo de esa tristeza que esperaba escondida a asaltarnos, una vez que nos hubiéramos recuperado del efecto shock de los últimos 5 minutos de la famosa secuencia del aeropuerto entre Jack y Kate. Algo de esa ansiedad que se escapaba del ¡Tenemos que volver!, pero también algo de la desesperación que subyacía en el aparentemente inútil sacrificio de Charlie. Ambos, héroes de heroicidad frustrada, que al intentar conducir a sus compañeros hacia la liberación los habían colocado a sólo un paso de la condenación. Hay mucho de eso en la que es la mejor escena del episodio, cuando Jack le confiesa a Kate, frente a los restos del naufragio, que parece que ha pasado casi un siglo, desde el día en el que se acercaron ellos dos y el mismo Charlie a la cabina del piloto, preguntándose de qué iba todo esto. Por eso tiene bastante sentido que sea el personaje de Hurley el que encabece esta prémiere. Y eso que, particularmente, su historia no me emociona demasiado. Sin embargo es él, por los motivos que veremos, el único capaz de dar la réplica (y el sentido) a las dos gloriosas gestas que Charlie, en presente, y Jack, en futuro, llevan a cabo ¿inútilmente?. Además de ser el que mejor puede seguir sosteniendo en la cuerda floja el difícil equilibro entre drama y ciencia-ficción, con el que Perdidos lleva 4 años jugándosela. Su demencia es la perfecta coartada para sacar a pasear a todos los fantasmas de la isla, Jack, Christan, Charlie… sin desvelarnos si es la isla la que se manifiesta, o es su locura la que le traiciona.

Hurley se ha convertido en el perfecto médium para los espejismos de la isla, ahora que la propia isla (en el futuro) ha acabado erigiéndose en el mayor espejismo de todos. Sólo hay que fijarse en como los caminos han empezado a diluirse, no sólo en la historia de esos héroes que no saben ni de qué se tienen que liberar, sino también físicamente. Atendamos sino a como todos los personajes, aun estando repartidos por la selva en diferentes grupos, se cruzan justo en el mismo sitio. Y para un episodio que se titula El principio del fin este sitio, paradójicamente, resulta ser frente a la cabina del piloto, allí donde todo empezó.

Lo mejor

  • El contraplano de la cabaña de Jacob
  • La vuelta de Christian Shephard y de Charlie
  • La presencia de los restos del avión
  • Que Hurley tenga su mejor capítulo desde el 1×18, Números

Lo peor

  • Le falta algo de magia para ser un arranque de temporada
  • La música de Giachinno por primera vez me ha puesto nervioso
  • La intro menos trabajada, y aún así está bastante bien, de todas las premiéres.

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Heroicidades

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Es una tarde cualquiera. La lluvia interrumpe su concierto callejero. Precisamente en Wonderwall. Así que Charlie recoge sus cosas y se pone en camino . Algo le detiene. En un callejón, un hombre a punta de navaja intenta robarle el bolso a una joven. Sin saber muy bien cómo, ni de dónde ha sacado el valor, Charlie se lanza a socorrerla. Golpea con la guitarra al atracador. Y este huye despavorido. Charlie no se puede creer lo que ha hecho. El pulso le tiembla, la voz no le llega. Se ríe de si mismo. La última vez que participó en una pelea tenía ocho años y además ¡la perdió!. “Eso te hace incluso más que un héroe” le replica la mujer a la que acaba de salvar. Charlie la mira sin comprender, “¿Cómo?”. “Tres personas han pasado por delante, tres, y tu eres el único que se ha detenido a ayudarme” le asegura ella. “Eres un héroe y no dejes que nadie te lo niegue nunca”. Muchos años después cuando a Charlie le quedaban escasos minutos de vida, dedicó, como buen rockero, unos segundos a recordar sus grandes éxitos. Y en el el número dos escribió algo así como “Aquel día en el que una mujer me llamó héroe a las afueras del Covent Garden”.

Supongo que los héroes del siglo XXI son como Charlie. Supongo que no necesitan de superpoderes, ni de efectos especiales. Que se equivocan y lloran por las noches. También que son anónimos y no se enfundan mallas. Supongo que si Superman existiera hoy día no volaría con capa, sino en las rutas comerciales de la línea Océanic. Por eso, a todos esos héroes que he conocido este 2007, héroes que todavía puede que no hayan descubierto cual es su principal superpoder, asegurarles que, aunque no lo confiese en voz alta, o no utilice el hueco dispuesto para lo propio en el tal myspace, han sido, con diferencia, el descubrimiento del año. Mi kriptonita, mi debilidad. Y por tanto, también, el número 1 de los grandes éxitos de mi triste y miserable excusa de 2007.