Hitchcock, De Palma, y una crítica de Doble Cuerpo.

Valoración *****

Entre la secuencia de Doble Cuerpo en la que Deborah Shelton se encuentra por primera vez con Craig Wasson en el ascensor, y la siguiente en la que se vuelven a cruzar en la playa, ella pasa de llevar gafas de sol a quitárselas inmediatamente ante él. De una a la otra ha pasado de conocerle a reconocerle. Con el tiempo algo similar nos ha ocurrido con el cine de De Palma: hemos dejado de verlo, para comenzar a entenderlo. Su cine ya no es sólo la réplica posmoderna del de Hitchcock, sino toda una relectura transversal de su obra. En este caso de Vértigo y de La Ventana indiscreta. Dos películas condensadas en una, a través de unos inéditos puntos de conexión, que una mente enferma ha localizado entre los espacios en blanco de la filmografía del británico.

En Doble Cuerpo, De palma vampiriza, otra vez, a Hitchcock, sólo que esta vez literalmente. Acumula mecanismos clásicos para luego disparar en otra dirección. Reproduce las formas del mago del suspense, pero destierra a la superficie un subtexto hasta ahora oculto emparentado con la serie b y el porno más casposo. Así el director de Carrie se convierte en mirón del mirón, en fetichista de lo ya fetichizado. Doble Cuerpo es una perfecta metáfora, elevada a la más alta potencia por su referencialidad, sobre la identidad y su simulacro. La confirmación de que De Palma nunca es más De Palma, que cuando es otro. Algo así como la evidencia de que el porno no es sólo el género del artificio, sino por encima de todo el cine del futuro. Y es que su director está plenamente convencido de que si Sir Alfred Hitchcock siguiera haciendo películas hoy día, estas serían, sin lugar a dudas, de calificación X.

Lo mejor: Que puede enfrentarse a Vértigo sin temor.

Lo peor: Que se infravalore su cruce de referencias.

 

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