Battlestar Galactica y el sentido de la existencia.

En, por ejemplo, Blade Runner, película paradigma de la ciencia-ficción, a los habitantes de la Tierra, no les quedaba más remedio que comenzar una nueva vida en las llamadas colonias del espacio exterior, ante la realidad de que su planeta se había convertido en un estercolero de insostenibles dimensiones. Esta premisa, nada novedosa, suele repetirse con cierta profusión en el género: el ser humano, bien por que no le quede otra, bien por curiosidad, obligado a explorar el universo más allá de lo conocido. Lo curioso es que el mejor exponente de la ciencia-ficción en la televisión de los últimos años, Battlestar Galactica, invierte radicalmente este punto de partida. Ahora la humanidad, casi extinguida por el genocidio perpetrado por los cylons, máquinas que ellos mismos crearon, debe regresar al planeta Tierra para así completar un ciclo vital, que o bien los salve para siempre… o bien los condene definitivamente.

Este relato asumido como un Éxodo profético, podría definirse como la definitiva búsqueda del origen. Los seres humanos tienen que regresar hasta sus inicios para comprender qué son exactamente, ahora que están amenazados por los cylons, no ya vitalmente, sino especialmente en su identidad, ante el peligroso e innegable parecido de ambos. Pero es que además los propios cylons, máquinas de conciencia colectiva, capaces de emular el aspecto humano, y también sus sentimentos (aunque no los tengan), persiguen esa misma respuesta acerca de lo que hay más allá de sus circuitos de tostadores. La clave parece estar en lo que los diferencia. Si los sentimientos no son, (¿qué más da padecer emociones, que creer que las padeces? si total duele lo mismo) puede quizá ocultarse en algo tan común y hermoso como dar a luz. Los cylons no pueden reproducirse, sólo replicarse. Y en esta línea se entiende una secuencia de la segunda temporada en la que Baltasar Gaillus, humano, le dice a Six, cylon, eso tan viejo de Te quiero. Lo que aquí se esconde no es sólo una declaración de amor, sino todo un salto evolutivo. El sentido de la existencia reducido a las contracciones de un parto sin epidural.

 

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