Bloody Sunday (Domingo sangriento). Opinión, Crítica, reseña

Valoración ****

Domingo sangriento (Bloody sunday) pertenece a ese tipo de cine cuya existencia se justifica por si misma. Un cine que es imperativo moral. Pero ¡cuidado!, lo es su visionado, no las tertulias falsamente reconfortantes en las que algunos participan a propósito de él, perdiendo el tiempo en discutir si el cine debe o no ser político, cuando la cuestión es otra.

Casi todo lo que he leído acerca de la película de Greengrass es positivo, pero he detectado también algunas opiniones contrariadas, que se sustentan casi siempre en las mismas 3 premisas. 1º) Que no ahonda con la misma profusión en ambos bandos. Cierto, aunque es posible que esto en realidad sea su principal acierto. Esa teoría del 50% de las culpas, es un tipo de bacilo que no sé muy bien que mente bienpensante se lo inoculó a la parroquia, pero que haríamos bien en desprendernos de él antes de que se nos adhiera a las neuronas. No se puede mostrar en igualdad de condiciones, a quienes no están en igualdad de condiciones, y, si nos atrevemos con ello, al menos no lo confundamos con objetividad. El film es lo suficientemente inteligente para dedicar metraje a los soldados. Explicarlos incluso, pero ¡ojo! jamás justificarlos. 2º) Que es emotiva porque el tema que trata lo es. Me bastan los escasos minutos que dura el tiroteo para refutar esa idea. Son todo un ejemplo de cómo conmover con una cámara sin vendajes, cruda, a la que le falta oxígeno y le sobra veracidad. 3º) Que exagera en algún punto lo que pasó aquel domingo. Puede que no en los hechos, pero sí en la dialéctica. A lo mejor es verdad, pero tengo la impresión de que si Greengrass se pasa, es porque aquel fatídico domingo del 72 le sirve como excusa para contar algo más que lo que ocurrió: la raíz de un conflicto centenario, que pude incluso extrapolarse, si uno se empeña, a cualquier otro.

Una de las 4 patas de este relato, el representante católico Ivan Cooper, afirma en las últimas horas de aquel duro 30 de enero, que lo ocurrido es Un momento de verdad, un momento de vergüenza. Eso es lo que diferencia al cine político USA, o lo que tengan allí, del europeo. El suyo es un cine de protagonistas, con sus tragedias, que provoca pena, compasión, aflicción… El nuestro, pese a sus maniqueísmos, busca algo mucho más legítimo: recorrernos de rabia, furia, frustración, y, sobre todo, como afirma Cooper, de necesaria vergüenza.

Lo mejor: El (casi) siempre delicado equilibro entre ficción y realidad.

Lo peor: Algún recurso fácil como ese soldado con exceso de sentido común.

Y para comentármelo en privado, esta es mi dirección: ysiestaveztequedaras@gmail.com

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