¿Y si esta vez te quedaras?

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Almodóvar y Tarántula.

Noviembre 25, 2007 · 14 comentarios

El travestismo es la hipérbole del maquillaje. Su variante mediante la lógica del género. Un intento de asumir los rasgos del sexo contrario, sin la complicidad genital y por la vía de la parodia. La filmografía de Pedro Almodóvar fue durante años cine de aspecto drag. Sus películas se apropiaron, a través del colorete, de los atributos de lo femenino. Con el tiempo el manchego fue a más. Llevó el travestismo hacia el extremo de la transexualidad. Sustituyó el espectáculo de lentejuelas por la cirugía plástica (equivalente del siglo XXI a las transmutaciones). Así su cine se desvío hacia las gónadas sexuales. Y lo cómico dejo paso a lo (melo)dramático. Pero Almodóvar en su camino hacia el bajo vientre alcanzó todavía un tercer estado: el hermafroditismo. El cineasta conjugó hábilmente en un mismo cuerpo lo masculino (oscuro, retorcido, artificial) y lo femenino (luminoso, natural), empeñado en reunir nuevamente las dos mitades del universo, no como excluyentes, sino como complementarias. Su búsqueda de la verdad mediante el fetiche de los órganos sexuales le ha valido para convertir su filmografía en toda una digresión sobre la diferencia de géneros. El título y argumento de su próximo proyecto (La piel que habito/Tarántula) así lo acreditan. Pero a Almodóvar, director venéreo por vocación, esa evolución le ha llevado más allá. Le ha llevado a convertirse en uno de los escasos autores que comprenden que la felicidad del corazón empieza, antes que nada, con la de la entrepierna.

 

Más de Almodóvar. Curiosidades de su cine, sobre Volver, sobre Volver y Los otros, y sobre Todo sobre mi madre.

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Hitchcock, De Palma, y una crítica de Doble Cuerpo.

Octubre 28, 2007 · No hay comentarios

Valoración *****

Entre la secuencia de Doble Cuerpo en la que Deborah Shelton se encuentra por primera vez con Craig Wasson en el ascensor, y la siguiente en la que se vuelven a cruzar en la playa, ella pasa de llevar gafas de sol a quitárselas inmediatamente ante él. De una a la otra ha pasado de conocerle a reconocerle. Con el tiempo algo similar nos ha ocurrido con el cine de De Palma: hemos dejado de verlo, para comenzar a entenderlo. Su cine ya no es sólo la réplica posmoderna del de Hitchcock, sino toda una relectura transversal de su obra. En este caso de Vértigo y de La Ventana indiscreta. Dos películas condensadas en una, a través de unos inéditos puntos de conexión, que una mente enferma ha localizado entre los espacios en blanco de la filmografía del británico.

En Doble Cuerpo, De palma vampiriza, otra vez, a Hitchcock, sólo que esta vez literalmente. Acumula mecanismos clásicos para luego disparar en otra dirección. Reproduce las formas del mago del suspense, pero destierra a la superficie un subtexto hasta ahora oculto emparentado con la serie b y el porno más casposo. Así el director de Carrie se convierte en mirón del mirón, en fetichista de lo ya fetichizado. Doble Cuerpo es una perfecta metáfora, elevada a la más alta potencia por su referencialidad, sobre la identidad y su simulacro. La confirmación de que De Palma nunca es más De Palma, que cuando es otro. Algo así como la evidencia de que el porno no es sólo el género del artificio, sino por encima de todo el cine del futuro. Y es que su director está plenamente convencido de que si Sir Alfred Hitchcock siguiera haciendo películas hoy día, estas serían, sin lugar a dudas, de calificación X.

Lo mejor: Que puede enfrentarse a Vértigo sin temor.

Lo peor: Que se infravalore su cruce de referencias.

 

Artículos relacionados. La dalia negra, Carrie.

Y para comentármelo en privado, esta es mi dirección: ysiestaveztequedaras@gmail.com

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La última función de Robert Altman. A prairie home companion (El último show)

Marzo 7, 2007 · 35 comentarios

Es un cabrón,  pero un cabrón con genio, dijo George Litto refiriéndose a Robert Altman, al que por aquel entonces, finales de los 60, representaba. Un genio que le valió al realizador, que empezaba a despuntar, para asestarle una buena puñalada al viejo sistema de castas de Hollywood con, entre otras, M.A.S.H. o Los vividores. Altman comenzó su carrera empeñado en vivir como en Hollywood sólo que en Kansas, para lo que según él había que fumar como un carretero, apostar hasta el último penique siempre que se pudiera, no dejarse una gota de Cutty Sark en el vaso y pasarse todos los días, nada más acabar de comer, por el burdel de al lado de casa a por la felación de las 4 de la tarde. Cuando por fin se marchó a California no dejó que nadie le dijera lo que tenía que hacer. Para los productores no fue más que un canalla bravucón y malencarado que gastaba tejanos roídos, botas de vaquero y muy malas pulgas, vamos, un tipo que no se dejaba domesticar.

Así se mantuvo toda su errática carrera, hasta la última película. Rodada poco antes de fallecer, a los 81 años, A prairie home companion (El último show), relata la emisión final de un mítico programa de radio a punto de desaparecer. Al igual que ocurrió con John Huton y su Dublineses, este también es un film-testamento, que no va de otra cosa que de la muerte, sólo que esta vez de manera mucho menos sombría y solemne. Al contrario, A prairie home companion está llena de chistes, diálogos rápidos y bromas cómplices. No es que el director de Gosford Park hable con menos trascendencia que Huston de lo que dejó atrás y y ya nunca podrá recuperar, más bien es como si Altman, que fue un cabrón hasta el último de sus días, nos sonriera consciente de haber hecho siempre lo que le ha venido en gana.

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Tim Burton. ¿Sobrevalorado?

Agosto 27, 2006 · 19 comentarios

Todavía no sé que hacer pero es más que probable que me quede por aquí en este nuevo blog. Así que lo primero de todo saludaros nuevamente

De momento y mientras me decido y me mudo del todo; iré manteniendo los mismos posts y comentarios en ambos blogs

Mi antiguo blog  

http://www.lacoctelera.com/losglobosdeorodescarlettLa imagen “http://www.saxonbullock.com/images/Sleepy-Hollow-2.jpg” no se puede mostrar debido a que contiene errores.

(El segundo párrafo del texto posee algún SPOILER)

Tim Burton es todo un personaje y pura personalidad; y no es para menos que detrás de él haya una legión entera de fans. A fin de cuentas ha concebido una atmósfera propia que ya es marca de estilo, actualizó el viejo cine de terror de serie b en película para todos los públicos, y es además responsable de algunas de los trabajos más interesantes de las dos últimas décadas. Sin embargo, quizá haya llegado a ese punto peligroso en que más que valorársele, directamente se le sobrevalora

Burton, no es que posea mejores o peores películas como todo el mundo, sino que presenta unos fallos comunes en gran parte de ellas. Es negado para las secuencias de acción, y a veces más que resolver historias se queda sólo en sugerirlas. El mayor ejemplo (¡y cuidado que esto es un SPOILER!) es como gran parte de sus relatos finalizan de la misma manera: en molinos, iglesias o escenarios parecidos que valen para que se desarrolle exactamente la misma secuencia. El corto de Frankeweenie, Batman, Sleepy Hollow, Eduardo Manos-Tijeras e incluso Beetlejuice resuelven la acción de su último tramo de maneras muy similares

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