¿Y si esta vez te quedaras?

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Bandas sonoras/recopilatorios

Marzo 23, 2007 · 47 comentarios

En un post publicado en el imprescindible Sindrogámico, n. recogía unas declaraciones de Peter Buck, en las que el guitarrista de R.E.M. reconocía como con las caras-b uno se puede permitir ser mucho más libre, experimental y gamberro. Es como si en contraste con las caras-a, que son lo más similar que tenemos al hilo musical de los momentos trascendentes de una vida, las díscolas caras-b, subrayaran cada uno de los minutos absurdos, vacuos y prescindibles de la misma. Las películas cuya banda sonora no está compuesta por música especifica, sino por una relación de viejos hits, se comportan exactamente como una cara-a, al evocar unos años que puede que ni hayamos conocido, pero ante los cuales inmediatamente nos embarga algo cercano a la nostalgia, como si se propusiera una manera común de sentir. Sin embargo alguien debería filmar alguna vez una historia que fuera una cara-b, es decir, que valiera para esos segundos, aparentemente poco importantes, de los que no figuran en los álbumes de fotos, ni tampoco se cuentan a los nietos, pero en los cuales se dirime realmente lo que es el auténtico día a día.

Mientras espero esa película, en honor a otra que sabe mucho de listas, Alta fidelidad, aquí va la mía sobre bandas sonoras no compuestas para un film

  1. Lost in translation
  2. Velvet Goldmine
  3. Kill Bill
  4. Casi famosos
  5. Maria Antonieta
  6. Moulin Rouge
  7. Al límite
  8. Alta fidelidad
  9. Desayuno en Plutón
  10. Las reglas del juego

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Velvet Goldmine y otros musicales por el estilo

Febrero 3, 2007 · 31 comentarios

(Al final la vi)

Efímero, pero también intenso (como la belleza que simulaban defender), el movimiento glam-rock supuso para Inglaterra la respuesta hedonista y provocadora al pacifismo hippy, al mismo tiempo que para el resto del mundo fue toda una revolución sexual bajo la que se adivinaba una revolución moral. Por eso los 120 minutos de la película de Todd Haynes pueden parecer a priori escasos, especialmente en su aparente tendencia a la dispersión al recoger los residuos de las figuras claves del momento (la estrella, el fan, la mujer de, el empresario), cuando en realidad son estas arritmias las que constituyen en Velvet Goldmine su peculiar y auténtico sentido del ritmo, o lo que viene siendo el equivalente en imágenes a una gran balada glam diluida por el espíritu de la época. Película-textura (visual, sonora, casi táctil) de corazón dorado y alma purpúrea, Velvet Goldmine es un desaforado calidoscopio de colores, tan maquillado como prostituido lo están el rock y los nuevos tiempos. Un libertario y ambiguo canto a la pose como medio de vida o lo que es lo mismo a la belleza como única salvación posible ante la monotonía. Así que cuando Javier Ocaña se lamenta en las páginas de Cinemanía de que Haynes atrapa la atmósfera del movimiento. [...] Poco más. Me pregunto, ¿Y qué más necesita?

Dedicado a Cris, más que nada para que tu también pongas música en un día como el de hoy.

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  • Moulin Rouge
  • Hedwig and the angry Inch
  • El fantasma del paraíso
  • The rocky horror picture show

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7 actores para Bob Dylan

Enero 25, 2007 · 28 comentarios

Ajado, desgastado, con sus largas uñas pintadas de negro y unas buenas greñas asomando bajo el sombrero de cowboy, Bob Dylan acabó 37 años después el concierto que se había dejado a medias en Newport en el 65. Entonces no le quedó otra que salir por patas ante el abucheo generalizado que se ganó por entonar los viejos ritmos de un buen sonido folk con una Fender bajo el brazo. Eran los años en que al tiempo que su música se volvía más eléctrica, las letras de sus canciones se alejaban definitivamente de los himnos-protesta con los que se había erigido voz de toda una generación. Una fuga hacia delante en su carrera que como muchas otras fue tachada de ser una concesión a no se sabe muy bien qué. El fin del Dylan contestatario, el aspecto del Dylan rockero, los insultos del Dylan borracho al comité Tom Payne, el comportamiento del Dylan autista tras su accidente…Todas, actitudes bajo sospecha en su momento, que al igual que ocurre hoy con el tema de su autobiografía, o el interés personal en el documental de Scorsese y en la película que Todd Haynes ultima sobre su vida, han sido acusadas de no ser propias del Dylan de antaño.

De esta última se sabe más bien poco, excepto que se titulara I´m not here y que en una desconcertante propuesta al Trovador de Minnesota le darán vida 7 actores distintos, entre los que se cuenta Cate Blanchett. Haynes tiene por delante la posiblidad de atrapar la esencia del gran renovador de la música moderna, algo realmente difícil porque como el propio Dylan afirma Yo sólo soy Bob Dylan cuando tengo que ser Bob Dylan. La mayor parte del tiempo quiero ser yo mismo. Bob Dylan nunca piensa sobre Bob Dylan. Yo no pienso en mí mismo como Bob Dylan. Es como dijo Rimbaud: Yo soy el otro. Por eso, sin conocer muy bien lo que se trae entre manos Haynes, su biopic se adivina un artefacto que necesita al menos de 7 caras para ponerle rostro a una figura que desde aquel originario concerto de Newport no ha parado quieta y entender de paso las decisiones, a priori caprichosas, de una carrera siempre hacia arriba, en constante metamorfosis. Transformaciones tan complejas que se necesita de un mínimo de 37 años para empezar a asimilarlas en toda su magnitud.

A Alvy Zimmerman (AKA Jack Frost)

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Música de Cine. Moulin Rouge

Septiembre 7, 2006 · 37 comentarios

Dicen que, para los que les gusta Moulin Rouge, esta se puede disfrutar, según el tipo de persona que seas, de dos maneras. Todo depende de si escoges Come What May como la mejor canción de su banda sonora, o por el contrario prefieres El Tango de Roxanne

Come What May ofrece un musical absolutamente idealista y profundamente romántico; mientras que El Tango de Roxanne, con una puesta en escena bastante más excesiva y oscura, hace referencia a un amor sórdido, contaminado por los celos, las inseguridades y la desconfianza mutua.

A la hora de escoger con cual de las dos nos quedaríamos probablemente estemos revelando si somos, en mayor o menor medida, optimistas; pero cuidado, que todavía está por demostrar que, por ese mismo idealismo, Come What May no sea, en el fondo, una canción triste, muy triste.

Yo no sabría con cual quedarme

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