Entradas clasificadas como ‘Escenas imprescindibles’

Muchos son los teóricos que defienden que asociado al concepto de mar va ligado el de muerte. A lo mejor así se explica el motivo por el cuál los recién nacidos llevan en su cabeza, antes incluso de conocerlo, la noción de océano. Como si igual que asumen que a la vida la limita la muerte, asumieran también que a la tierra la limita el agua. En Los 400 golpes de François Truffaut un niño de 12 años, Antoine Doinel, desea con desesperación poder contemplar por primera vez el mar. Exactamente como Rusty James, el nuevo rey del barrio, en La ley de la calle. No es casual que ambos films estén protagonizados por niños/jóvenes que aspiran a bañarse algún día entre las olas, con la misma vehemencia con la que además se niegan a madurar. Ahora, que incluso en las ciudades costeras es necesario aproximarse como mínimo a un metro de la playa para alcanzar a divisar el mar, aquellas secuencias en que Antoine y Rusty respiran brisa marina parecen más necesarias que nunca. En ellas, en contra de lo que afirman esos teóricos, el océano es símbolo de esperanza, no de muerte, sino más bien de inmortalidad. En el fondo, Rusty y Antoine, son como recién nacidos, que persiguen algo diferente a todo lo que conocen y que jamás han visto, pero que están convencidos, desde lo más profundo de su ser, que existe en algún lugar del mundo, al final de un rocoso acantilado.
Categorías: Escenas imprescindibles

En Ten minutes older, Wenders, Erice, Jarmusch y demás cineastas de vanguardia presentaron un trabajo colectivo en el que se reflexionaba, a través de una serie de cortometrajes, sobre el transcurso del tiempo. Por su parte Iván Zulueta trabajó en este sentido al condensar con efecto estraboscópico el King Kong de Cooper y Schoedsack en apenas 3 minutos. Todo lo contrario que el artista conceptual Douglas Gordon que dilató el metraje original de Psicosis hasta llegar a las 24 horas de duración. Cada uno de estos experimentos tuvo la intención de desperezar al espectador y obligarle a tomar conciencia del devenir de las cosas. Pero el cine también tiene maneras más clásicas de relativizar el tiempo. Casi al final de Los puentes de Madison nos encontramos con una secuencia de romanticismo húmedo, a la vez que seco y árido, que ocurre, como no podía ser de otra manera, bajo la lluvia. Francesca y su marido se detienen ante un semáforo. Delante de ellos está la furgoneta de Robert, fotógrafo del National Geographic y amante de ella, que momentos después se largara para siempre de Iowa. El semáforo pasa a verde sin que la furgoneta arranque. El marido se pregunta, ¿Pero, a qué está esperando?. Robert sigue allí mirando a través del retrovisor a Francesca, alentándola a que abra la puerta, corra y se escapen juntos a ese otro lado del mundo al que había prometido llevarla algún día. Francesca, con la mano en la puerta del coche, duda, sabe lo que quiere pero también lo que tiene que hacer. Al final le deja ir.
Ni Ten minutes older, ni King Kong, ni Psycho 24 hours muestran de manera tan contundente lo devastador que puede ser un instante si la decisión es la equivocada. Francesca envejece más de veinte años, los que quizá le queden por vivir ahora que ha dejado escapar al amor de su vida. En una sola escena que debería poder estudiarse Clint Eastwood demuestra sin artificios como a veces unos pocos segundos llegan a durar toda una eternidad.
Artículos relacionados.
-El primer clásico del siglo XXI
-Otras escenas imprescindibles. La dolce vita, Crash, Ghost World, Besos en la historia del cine.
Categorías: Escenas imprescindibles
,
Bañarse en el interior de la Fontana di Trevi supone para el gobierno romano un delito multado con 400 euros. Para Federico Fellini fue algo bien distinto, fue todo un síntoma de libertad. La escena incluida en La dolce vita es, con permiso del encuentro con el transatlántico en Amarcord, quizás la más bella de su filmografía. Y es tan sencilla que se resume en una imagen: Anita Ekberg bailando entre el agua. Empapada, húmeda, con su mejor vestido, sin importarle nada de lo que ocurra fuera. Ni siquiera la atenta mirada de Marcello Mastroianni que la contempla consciente de que aquella mujer es, y no otro, el monumento que ningún turista debería dejar de admirar, cuyo valor supera a todas las monedas que los años han acumulado en el fondo de la fuente. Pero la escena no se queda ahí, porque llega un momento en que la Ekberg invita a Mastroianni y este harto de quedarse fuera, se suma, se deja enamorar por ella. Los dos empapados, empapándose, pasean bajo los chorros del agua y, como si el tiempo se hubiera detenido esa noche sólo para ellos, se funden en un apasionado beso, que puede llegar a costarles hasta 400 euros, pero les da igual y es que acaso saben que esa locura es lo más cerca que jamás se puede llegar a estar de aquello a lo que Fellinni llamó La dolce vita.
Artículos relacionados.
-Otras escenas para no perderse. Ghost World, Crónica de un asesino en serie, Los mejores besos del cine
Categorías: Escenas imprescindibles

Todo el mundo/ Todo el mundo/ Todo el mundo fantasea con una muerte dramática es lo de lo poco que Nacho Vegas suelta en los 2 minutos 12 segundos que dura su tema Maravillas de la condición humana, algo que irremediablemente a mi siempre me recuerda a esa agorofóbica secuencia del Crash de Cronenberg en la que se recrea al detalle el mortal accidente que le costó la vida a James Dean. Una réplica milimetrada con la que, justamente fantaseando con la muerte dramática de otro, Arquette y Spader coronan el escabroso ritual sexual del que toman parte a lo largo de la cinta. Lo que me llama la atención no es ya la asociación del sexo con la muerte, si no más bien la de esta última con la mitomanía, como si el caso de James Dean fuera una elemental demostración de como morir joven y bello supone el último paso para preservar el cadáver con todo el potencial sexual intacto y elevarlo así a la categoría de mito.
Todos los que participan de la simulación del accidente de James Dean parece que lo que pretenden es rozar, sentir, acariciar la pura adrenalina que conlleva ese mito. Aproximarse hasta experimentar en piel propia el vértigo y la velocidad que le sacudieron cuando el cuentakilómetros a punto de reventar marcó su paso al Olimpo, y sumarse así finalmente a la experiencia extrema de sublimar la simple chatarra que tienen delante en la deslumbrante carrocería del Porsche Spyder que tan sólo una estrella puede conducir.
Otras muertes impactantes de la historia del cine.
-Las otras dos de Rebelde sin causa. Natalie Wood, Sal Mineo.
-Otras más por accidente. Jayne Mansfield y Grace Kelly
-Por homicidio. Sharon Tate, Elizabeth Short, Brandon Lee
-Por obesidad. John Candy, Chris Farley (Gracias a Sitoxic)
-En el aire. Bruce Lee, George Reeves, Marylin Monroe
Artículos relacionados.
-Curiosidades del cine de Cronenberg
-Muertes en el Cine
-El caso Polanski
-Un texto de Max Renn sobre Cronenberg
Categorías: Escenas imprescindibles · Rankings

(Nuevamente contiene SPOILER)
A lo largo de todo el metraje de Ghost World, Enid, su protagonista, se detiene en repetidas ocasiones frente a una marquesina abandonada en la que un anciano espera desde hace años un autobús que hace bastante tiempo dejó ya de circular. Ella con una mirada entre tierna y condescendiente, la misma con la que la película observa al freak que todos llevamos dentro, le intenta convencer de que nadie va a venir a recogerle. Varios minutos más tarde la propia Enid que ha sufrido todo tipo de desengaños, o lo que otros llaman crecer, coge sus maletas y se planta en la parada casi al anochecer. A la espera. El autobús no tarda en aparecer.
Este final, colofón a los escasos restos de lo que se vino a llamar la generación X, es un desolador acercamiento ya no a una adolescencia apática que reivindica su derecho a no saber lo que quiere, si no sobre todo a aquellos que a cambio de madurar han olvidado incluso lo que no quieren. Signifique lo que signifique ese autobús, más triste o esperanzado, es como poco la primera decisión auténticamente valiente que Enid se permite en toda esta historia. Dispuesta a no claudicar y sobre todo a no formar parte, como ya dice el título de la propia cinta, Ghost World, de semejante panda de zombies y muertos vivientes. O viva o muerta, pero no las dos cosas.
Así que quién sabe si aquel autobús iba a alguna parte.
Artículos relacionados.
Otras escenas memorables. Memories of a murder y Los mejores besos de la historia del cine.
Categorías: Escenas imprescindibles

Hace poco más de dos semanas, a primera hora de la mañana, mi profesor de realización nos explicó lo fácil que se compone en cine una imagen con dos personas. Una clase después, en cine español, nos proyectaron un documental sobre las buenas maneras en la Dictadura de Primo de Rivera, en el que se relataban los mecanismos de la censura para preservar el buen gusto. Uno de los actores de la época reflexionaba que los besos de entonces si que eran bonitos, y no los de ahora, todos sucios, largos, promiscuos, pegajosos e inmorales. Más allá de la leve sonrisa que suscitó el comentario, entendí lo que mi profesor de realización nos había enseñado tan sólo una hora antes: que un beso será siempre una escena memorable porque en cine es fácil trabajar con dos personas en pantalla. O tal vez sea al revés y es fácil trabajar con dos personas en pantalla tan sólo porque los besos, por definición, sólo nos pueden dar justamente eso, escenas memorables. Para un arte que se presume voyeur pocas cosas se pueden captar más intensas que la mirada cómplice a la máxima expresión de la intimidad compartida.
Así que para llevarle la contraria a aquel viejo especimen recuperemos algunos de los mejores besos de un catálogo tan inabarcable como infinito.














- El de Los amantes del círculo polar por improbable.
- El de El Planeta de los simios por salvaje.
- El de Desayuno con diamantes por romántico.
- El de La Dama y el Vagabundo por animado.
- El de Blade Runner por replicante.
- El de Lo que el viento se llevó por incendiario.
- El de Casablanca por clásico.
- El de Titanic por ser bigger than life.
- El de Hierro 3 porque también se puede componer con tres personajes.
- El de Lost in translation por íntimo.
- El de De aquí a la eternidad por ser puro Made in Hollywood.
- El de Encandenados por largo (Hitchcock se las arregló para burlar a la censura).
- El de Brokeback Mountain por instintivo.
- El de Spider-man por húmedo.
- El de El imperio contraataca por galáctico.
Y todos ellos por intransferibles.
Artículos relacionados.
De Casablanca a Brokeback Mountain.
Las mejores películas de Disney.
Las mejores películas de super-héroes.
¿Cómo envejecen las películas de Oscar?
Otras escenas memorables. Crónica de un asesino en serie.
Categorías: Escenas imprescindibles · Reportajes

(Sin internet, actualizando con dificultad)
Vale, es mala y no tiene sentido. El guión probablemente lo escribiera Cameron Díazen un día de fumada, con Christina Applegate, pero todo lo que se diga en torno a la escena del baile en la cafetería es poco (The penis song). Hablamos del humor grueso de La cosa más dulce, película que, desde luego, lo más sutil que tiene es su título
Una frase, No puede caber aquí; otra más, Mi cuerpo es una peli y la estrella es tu puro. Coreografía incluida aquí
Categorías: Escenas imprescindibles

¡SPOILER! No es que se revele nada sustancial de la trama en la descripción de la siguiente secuencia, pero si no la habéis visto la película es mejor que no sigáis leyendo
Contexto. El ex policía Park Doo-man vuelve años más tarde al escenario de aquel crimen que nunca pudo resolver y que casi le cuesta su salud mental. Allí se encuentra con una niña.
Niña que pasaba por allí
¿Hay algo ahí?
Policía
No
Niña
Y, ¿Entonces qué mira?
Policía
Estaba echando un vistazo
Niña
Pues es algo muy raro
Policía
¿El qué?
Niña
Hace algún tiempo encontré a un hombre (El Asesino), donde usted, mirando dentro de ese agujero… y entonces yo le pregunté lo mismo. ¿Qué que estaba mirando?
Policía
¿Qué te dijo?
Niña
¿Qué me dijo? Pues me dijo que en este sitio había hecho algo hace mucho tiempo y que por eso había vuelto a echar un vistazo. Igual que usted.
Policía
¿Y pudiste verle la cara?
La Niña asiente
Policía
¿Qué aspecto tenía?
Niña
Era alguien… (se piensa qué decir) muy normal
Policía
¿En qué sentido?
Niña
No sé… un hombre corriente
La cara de Park Doo-man es absolutamente reveladora
¿Hay una manera más exacta de definir el instinto de un asesino?, ¿O de expresar mejor la auténtica naturaleza del mal?. Quizá si, Kubrick, Fincher, Polanski… aunque desde luego esta es tan genial como aquellas.
Categorías: Escenas imprescindibles