¿Y si esta vez te quedaras?

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Crónica negra de Hollywood. Tercera parte. La muerte de Jayne Mansfield

Febrero 6, 2007 · 33 comentarios

1953, una desconocida y neumática Jayne Mansfield se presenta vestida a lo Marylin a un prestigioso certamen de belleza, célebre por lanzar estrellas de cine a la fama. Con su imitación de la protagonista de Niágara gana el premio mayor y empieza a recibir clases de interpretación en el Estado de California. Rápidamente se hace un nombre, pero su carrera no acababa de despegar del todo, deambulando casi siempre entre papeles más bien pequeños, de segunda fila y sin fundamento. La mayoría ven en la Mansfield, lo que el jurado de aquel concurso que le dio la popularidad, a una imitadora, puro deja vu: la fotocopia mal resuelta y vulgar de la Monroe.

Y como era de esperar sus vidas se entrecruzaron: las mismas personas, los mismos ambientes y una fascinación igual de mórbida por todo lo que tenía que ver con Anton LaVey, el Papa Negro de Hollywood y su satánica iglesia. Primero fue Marylin la que compartió cama con LeVey y una vez que esta murió, el polémico mago, obsesionado con su asuencia, le rogó a la Mansfield, que andaba bastante colada por él, que ocupara su hueco y que por favor se comportara, se vistiera y sobre todo se desnudara igual que ella. Jayne aceptó aunque la cosa no le duró demasiado, porque cuando Sam Brody, su nuevo chico, se enteró de lo que pasaba, se plantó en el despacho de LeVey y amenazó con romperle todos los huesos del cuerpo si no se andaba quietecito. LeVey a cambio respondió profetizándole una muerte próxima. Poco después de aquel encontronazo, concretamente el 28 de junio de 1967, Brody y Mansfield salían disparados por el parabrisas de su descapotable al tomar la curva cerrada de una enfangada carretera a más de 130.

Pero lo peor no fue que se cumpliera la profecía de LeVey, ni tampoco que cuando lo llamaran por teléfono para comunicarle que Jayne Mansfield había muerto decapitada en un accidente de tráfico él volviera sus ojos sobre la foto del periódico que acababa de recortar y se fijara que en el reverso aparecía una instantánea de la noche anterior de Jayne y de Sam, a los que inconscientemente había cercenado la cabeza. No, lo peor para la memoria de la Mansfield es que la foto con la que realmente quería hacerse LeVey, el anverso de esa, era la de un anuncio. Como no, el Channel nº5 de Marylin Monroe. Hasta en su muerte le ganó la partida.

(Hay quién dice que nada de esto es cierto, que todo fue un invento de el creador de la Biblia Negra para aumentar su leyenda, pero eso no nos importa)

A Diana (AKA compañera de Jack Frost) a la que le gustan estas anécdotas.

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Crónica negra de Hollywood. Segunda Parte. El caso Polanski

Diciembre 26, 2006 · 16 comentarios

Muchos años después de que la justicia le hiciera la vida imposible, un juez del Alto tribunal de Londres falló a favor de Roman Polanski en la demanda por libelo que el famoso realizador había interpuesto contra la revista Variety. El magazín tuvo que retractarse a página completa de la crónica especial que en el 2002 dedicó al asesinato de la malograda Sharon Tate. En ella afirmaron que el recientemente viudo, de camino al funeral de su esposa, entró en un restaurante de Nueva York, se aproximó a una modelo escandinava y, para asombro de su novio allí presente, le metió la mano entre las piernas y le prometió, Haré de ti otra Sharon Tate.

La indemnización ascendió a 50.000 libras, aunque para el realizador de La Semilla del diablo el daño ya estaba hecho. El caso Variety sonó para él como un eco distorsionado del caso Geimer, el mismo que le llevó a abandonar los Estados Unidos y a convertirse en prófugo de la justicia americana. En 1977 Samantha Geimer, una joven de apenas 13 años, aseguró que Roman Polanski la había drogado, emborrachado y abusado sexualmente de ella bajo la falsa promesa de una sesión de fotos para Vogue en la mansión de Jack Nicholson. Polanski huyó a Francia en el ejercicio de su libertad condicional después de que el juez no aceptara el trato alcanzado entre su abogado y el fiscal federal, en el que incluso llegó a declararse culpable.

El caso volvió a situar en el centro del debate público la reputación de crápula del director polaco, todo ello amplificado por los medios, que no dudaron en sacar todas sus aventuras a la luz. Ante eso, no Polanski que jamás declaró nada sobre lo que realmente ocurrió aquella noche, sino voces cercanas se alzaron para defenderle. Hablaron de distorsión, de conspiración y de caza de brujas. E incluso propusieron teorías para demostralo. Un sólo ejemplo de lo extrañó que se volvió todo, Edward Perlberg, el hombre que tramitó la sesión de fotos por la que supuestamente fue agredida Samantha Geimer era el mismo que asombrado contempló como un famoso cineasta entraba en el mismo bar que él y acosaba a su nueva novia escandinava delante de sus propias narices.

Aunque eso sí, sobre este asunto la revista Variety fue bien clara, en efecto se habían equivocado. No fue de camino al funeral de Sharon Tate, sino dos semanas más tarde.

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Primera Parte. La madre de Mia Farrow

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Crónica negra de Hollywood. Primera parte. La madre de Mia Farrow

Diciembre 18, 2006 · 12 comentarios

En enero de 1966 Maureen O´Sullivan confesó en una entrevista para una famosa revista amarillista de la época que no le hacía ninguna gracia ni el compromiso que su hija Mia Farrow había adquirido con Frank Sinatra, ni mucho menos las declaraciones de Ava Gardner al respecto, Siempre supe que Frankie acabaría acostándose con un chico.

De hecho para ser sinceros lo que más le preocupaba a Sullivan era justamente la relación que Sinatra había mantenido con la Gardner. Conocía suficientemente bien el mundo de Hollywood y mejor aun la reputación del prometido de su hija para no inquietarse. Sabía que Sinatra era un mujeriego, un alcohólico, un juerguista y un demócrata incurable y también que aquello a su hija no le importaría, sino que al contrario la alentaría. Le previno contra él pero muy a su pesar el 22 de julio de aquel mismo año una Mia Farrow absolutamente enamorada contrajo matrimonio con La voz. Eso sí, el tiempo le acabaría dando la razón.

Sinatra siguió comportándose de la única manera que era capaz. No dejó atrás ninguno de sus vicios y tensó al límite la cuidada espiritualidad de la que tanto presumía Farrow. El matrimonio fue un infierno casi desde el principio y se volvió absolutamente insoportable durante el rodaje de La semilla del diablo. Por el día Mia Farrow tenía que enfrentarse al despotismo de Roman Polanski, mientras que por la noche apenas lograba lidiar con los malos tratos e insultos que le profería su marido. Celoso, paranoico y obsesionado por la idea de que su mujer interpretara a la madre del anticristo.

Finalmente Sinatra puso punto y aparte. En medio del descanso de una secuencia Mia Farrow recibió, en el plató, los papeles del divorcio. Tardó varias semanas en conseguir hablar con el que todavía era su marido, aquejado de su conocido principio de infantilismo, pero cuando lo hizo no puedo evitar preguntarle, ¿Algo de esto tiene que ver con ella?. Él le contesto, No la he tocado en una década y espero estar otra sin hacerlo, pero no hay color comparado con ella. Prefiero una insinuación de Ava Gardner que hacer el amor contigo tres noches seguidas.

Dos meses después, La semilla del diablo se convirtió en un éxito mundial, polémico y escabroso. Frank Sinatra y Ava Gardner recibieron cada uno en su casa, de Estados Unidos y Europa respectivamente, una copia promocional de la película con una foto de los dos juntos en la que aparecía escrito, Siempre supe que sería la madre de vuestro hijo. De lo que nunca se enteraron es que aquella nota no la escribió Mia Farrow sino la misma Maureen O´Sullivan.

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