¿Y si esta vez te quedaras?

Análisis 4×10. Something nice back home

Mayo 3, 2008 · 18 Comments

Hará ya casi cuatro años de que en un maloliente tugurio de Sidney, un neurocirujano de reputada valía le contase a un timador, no menos mujeriego y borracho que él, dos cosas fundamentales para la vida. La primera, que los Red Sox jamás ganarán la liga, porque la gente prefiere sufrir. La segunda, que Australia es conocida como el culo del mundo, porque es lo más cerca que se puede estar del infierno sin llegar a quemarse. Varios días después, el avión en el que iba ese timador de poca monta, acabó estrellándose en una misteriosa isla del pacífico sur, que bien podría pasar por un perfecto purgatorio. En ese mismo vuelo, cosas del destino, iba también el hijo de dicho neurocirujano, otro médico, de aún más renombrado prestigio, incapaz de escapar del fantasma paterno. Con el tiempo el hijo acabó saliendo de la isla. Y terminó el viaje hasta llegar a la, cuidado con el nombre, celestial ciudad de Los Angeles. Allí alcanzó, pese a tanta turbulencia, su something nice back home. O como dice el pirado de su amigo Hurley, esto tiene que ser el cielo, tío. Sin embargo, ya sabemos por los últimos 5 minutos de la tercera temporada, que ese cielo no les sirve para ser felices. Quizá sea a lo que se refiere el mismo timador un episodio antes cuando afirma, que el cielo está a punto de caerse sobre nuestras cabezas. Y eso es lo que literalmente acabará deseando Jack, que el cielo se resquebraje. ¿O no le dice a Kate aquello de que su corazón se acelera, ante la posibilidad de que el avión vuelva a estrellarse?

Este episodio podría contener el perfecto final feliz para Perdidos, de ser esta una serie de finales felices. Jack contándole un cuento a su hijo, redimido como el gran padre de familia que jamás fue su viejo. Un folletín rosa truncado en pesadilla, al descubrirse la trampa de la escena. Jack, involuntariamente, está asumiendo el papel de Christian, al leerle a Aaron, tal como su padre le leía a él. Y para recordárselo, se produce el regreso de ese padre, que ya fue una vez el conejo blanco que lo llevó hasta la isla, y que se dispone a serlo de nuevo. No en vano, en el fragmento que recita Jack, se cuenta cómo Alicia entendió como verdadero lo que había de extraño a su alrededor y se dijo a sí misma. Si nada ha cambiado, entonces la que ha cambiado soy yo. ¿Quién diablos soy ahora?. Esa Alicia es el Jack del futuro. El Jack que ha empezado a creer en los milagros de la isla. Hay algo absolutamente revolucionario en todo esto, supervivientes que no desean ser rescatados, que incluso prefieren volver. Es como si Dorothy hubiese descubierto que Oz puede ser un sitio peligroso, pero a su vez absolutamente hermoso. O como si lograra darse cuenta, al fin, de algo que Jack lee en los periódicos en este mismo episodio: que los Red Sox este año no han ganado la liga. Y que es más que seguro, que tampoco la ganarán al siguiente.

P.D. Casi nadie opina lo mismo por lo que leo, pero para mi uno de los mejores episodios en mucho tiempo.

Análisis 4×01, 4×02, 4×05, 3×23, 2×24

Manson adapta a Lewis Carroll

Tideland. La Alicia retorcida.

→ 18 CommentsCategories: Series de televisión
Etiquetado: , , , ,

My blueberry nights. Opinión, crítica, reseña.

Marzo 11, 2008 · 18 Comments

Valoración ***

My blueberry nights no es una excepción en la filmografía de Wong Kar Wai, al contrario, se sotiene exactamente sobre el mismo registro que todo su cine, la sensualidad. El erotismo contenido, mediante la sinestesia del ritmo, de los colores, de las texturas, para caputar el sentir del roce, de la respiración entrecortada, del olor persistente. Sonámbulo sentido del deseo. Encuentros efímeros pero devastadores, de consecuencias imprevisibles, furtivos pero capaces de dejarnos mella, intensos pero a su vez imposibles de ser localizados con precisión en la memoria. Amantes torturados, encerrados por los neones de la ciudad, liberados por una caricia. Asfixiados por la lujuria, pero necesitados de ella… Era, por tanto, lógico que este cine con cierta vocación de cruce de caminos encontrara, en su viaje a las Américas, su ajustado reflejo en las carreteras de la ruta 66. Lo que quizá sea más discutible es si Wong Kar-Wai no debería haber traducido las diferencias culturales, en lugar de fotocopiar su estilo. A mi juicio la única parte en la que su cadencia se ajusta a la perfección es la de Nueva York. También es la más verdadera. Esta es la primera película del realizador de Deseando amar en la que detecto ciertas corrientes de impostura recorriendo el relato, e incluso intuyo un cierto molesto tono new age. Con todo sigue siendo una obra de Wong Ka-Wai con lo que eso implica y con lo que eso me fascina. Nadie fotografía mejor que él la pasión contenida, el fulgor desatado y el sabor amargo de los caminos del amor, para los que a veces ir en línea recta supone dar todo un rodeo de casi 3602 millas de distancia.

Lo mejor: Jude Law y la parte de Nueva York

Lo peor: Aunque se defiende no entiendo la elección de Norah Jones

→ 18 CommentsCategories: Críticas
Etiquetado: , , ,

Rebobine, por favor. Opinión, crítica, reseña

Marzo 8, 2008 · 9 Comments

Valoración ****

Disfrutar de las versiones que los inefables Jack Black y Des Mof se sacan de la manga de Los Cazafantasmas o Robocop es una experiencia cuanto menos delirante, pero esta supone además asistir al nacimiento de un pionero sistema de piratería, para supervivientes de la guerra de formatos, que afecta a la médula del asunto, el tráfico de ideas. Casi diríamos que se trata de algo revolucionario, si no fuera porque a su vez es también algo profundamente antiguo. Ya en los albores del cine gente como Méliés se rompía la cabeza para poner sus escasos medios al servicio de la creatividad, y no al revés, sintoma del cine de hoy día. En este sentido los primeros minutos de la cinta funcionan perfectamente como pista. Si Nueva Jersey puede apropiarse de Fatts Waller e inventarse una ficción sobre el mismo, ¿por qué no iba a hacer su propia ficción de la mayor de las ficciones, Hollywood? La cosa tiene su miga, porque lo que consigue esta pequeña localidad, es toda una quimera, a la altura de las grandes utopías sociales. Ni más ni menos que escapar a los límites del circuito establecido, con un sistema de producción underground, orgulloso de su falta de recursos. Puede que los quebraderos de cabeza de estos 2 freaks para rodar sus suecadas, guiño envenenado a la globalización del arte, corran el riego de pasar inadvertidos como broma chanante entre colegas, pero se transluce además cierta melancolía, cierta nostalgia, casi un imperativo de pulsar rewind. La resolución de la histora camina en este sentido: como una fábula a lo Capra sobre la necesidad de evitar que nos capitalicen los sueños, resumida en la potente imaginería de un proyector reversible que deja escapar las imágenes, incapaz de apresarlas.

Lo mejor: Jack Black y el descacharrante número de Los Cazafantasmas

Lo peor: Que no se aproveche más a Sigourney Weaver para algún chiste.

Artículos relacionados. Sobre La ciencia del sueño.

→ 9 CommentsCategories: Críticas

Análisis 4×05. The constant, Perdidos.

Febrero 29, 2008 · 17 Comments

CONTIENE SPOILERS DEL CAPÍTULO

Episodio 3×08, Flashes before your eyes, Desmond llora desconsolado frente la fotografía que se hizo junto a Penélope el día en que decidieron romper; y es que el escocés acaba de regresar de ese justo instante, sin poder tampoco esta vez evitar caer en el mismo error. La paradoja es sencilla, Desmond está condenado a quedar atrapado por su pasado, ante la certeza de que sólo repitiendo ese fallo podrá conseguir algún día escapar de él. Parece como si necesitara reescribir su pasado en clave heroica, como si quisiera justificar el desprecio de Charles Widmore inventándose un futuro épico en el que acabará salvando a la humanidad pulsando la secuencia 4, 8, 15, 16, 23, 42 en una remota escotilla.

Ahora en el 4×05, The constant, los guionistas vuelven a por más de lo mismo, pero esta vez sin coartadas. Ciencia-ficción pura. No es esto lo que yo quería para Lost, pero he de reconocer que si funciona tan eficazmente como lo hace aquí, no puedo quejarme. Esta vez los viajes en el tiempo sí resultan reales, aunque sean mentales. Mientras que el episodio 3×08 trataba sobre el fatalismo del amor condenado por el implacable determinismo del tiempo, este habla de su supervivencia a través de la memoria, único recurso que nos queda ante la inevitabilidad. Desmond más que viajar al pasado, lo que hace es indagar en sus recuerdos, reales o simulados, hasta dar con el auténtico motivo que le ha mantenido con vida todos esos años, un número de teléfono que ninguna compañía ha dado todavía de baja. Matemática del azar para superar cualquier tipo de frontera. Homero interpretado a través de los postulados de Eisenstein. El héroe griego desmenuzado con ecuaciones de física cuántica. Bendita enfermedad esta de la isla que nos obliga a explorar en los límites de la consciencia la verdadera razón por la que existimos. Después de todo si Desmond olvidara a Penélope, ¿qué sentido habría tenido entonces su odisea? Supongo que la respuesta está en la poética de una vieja fotografía, tomada para inmortalizar un momento que no quiere quedarse quieto, y revelada ante una mente inmaculada que necesita no olvidar lo que un día fue. Eso sí que son viajes en el tiempo.

Artículos relacionados

Análisis 4×01, 4×02, 3×23, 2×24

→ 17 CommentsCategories: Series de televisión
Etiquetado: , , , , , ,

Michael Clayton. Opinión, crítica, reseña.

Febrero 20, 2008 · 8 Comments

Valoración ****

Apunte rápido sobre Michael Clayton. Su padre era policía, él, una especie de picapleitos, de chico para todo. Las diferencias entre los dos están en los matices, ambos ilustran la evolución del funcionario ante las metamorfosis del sistema, el tránsito de lo público a los gobiernos del siglo XXI, las grandes corporaciones. Aunque Clayton, en un momento dado, toma la decisión, sino no habría película, de empezar a moverse en otra dirección. A contracorriente, como Jason Bourne, predecesor suyo para películas de acción, con el que comparte su posición de peón rebelde. No hay nada en esta película que no hayamos visto antes. Pertenece a ese tipo de cine para el que su argumento, en este caso las intoxicaciones provocadas por un producto alimentario, no es más que un gran mcguffin. Lo importante es la épica del individuo contra el sistema. Sin embargo en la película de Gilroy no hay demasiado de esa épica. Entonces, ¿Qué es lo que nos ofrece Michael Clayton? Pues paradójicamente eso. Aquí el jaque a las grandes multinacionales, indistintamente de los resultados, se siente más plausible, más cercano, y, por tanto, más desalentador. La mirada de George Clooney (imposible imaginar a otro actor aquí) resulta fatigada, pesarosa, y casi desalentadora. Sabe que es imposible descabezar a la hidra del poder, pero al menos le queda la esperanza de haber dado forma al monólogo apocalíptico con el que Wilkison vislumbra en la locura el sentido de la justicia. Todo el tramo final, exento de un gran clímax, funciona a la perfección como alegoría de este pesimismo. Michael Clayton nunca podrá ganarle el pulso al sistema porque en el fondo, más que le pese, constituye parte ineludible del mismo.

Lo mejor: Su reparto

Lo peor: Me quedo con Bourne.

Artículos relacionados.

Más de Oscar. Juno, No es país para viejos.

→ 8 CommentsCategories: Críticas

Juno. Opinión, crítica, reseña.

Febrero 14, 2008 · 16 Comments

Valoración ***

Habrá que dedicarle tiempo algún día a analizar ese desplazamiento que ha llevado a la comedia de sal gruesa y a la comedia adolescente a colocarse una a tan sólo un paso de la otra, gracias a la irrupción que lo nerd ha experimentado en los últimos años, mediante la exploración del inadaptado social, pero también del emocional. La primera consecuencia de todo esto es perniciosa, la asimilación de los rasgos freak como atributo de lo cool para las generaciones MTV, caso de Napoleon Dynamite, pero la siguiente es altamente positiva, el interesante acercamiento del discurso de Todd Solondz, al de, por ejemplo, los Farrelly o Judd Apatow. El movimiento de Michael Cera en apenas unos meses de Supersalidos a Juno ejemplifica los límites en los que nos movemos. Juno es la última comedia indie costumbrista pop, medida para no ofender realmente a nadie. Una película con vocación de lo raro, pero necesidad de integración, que afortunadamente tarda poco en justificar la delimitación marciana de sus personajes, en la intención de estudiar la disfunción emocional a través de lo no integrado. La indulgencia con la que se aborda el tema central en relación a Juno y su entorno deriva en la virtud contrapuesta de colocar en su justa medida los problemas sentimentales de la pareja que quiere adoptar al niño. Lo mejor de la cinta se mueve alrededor de ese tríptico emocional, esencialmente en la relación que Juno mantiene con el padre (adoptivo) de su hijo. Y aunque la película desdiga un poco sus esfuerzos en el último tramo con el tratamiento final de Jason Bateman, es su personaje de rockero fracasado de buena cuna el que mejor ilustra el tema: el doloroso y traumático paso hacia la madurez.

Lo mejor: Ellen Page

Lo peor: Esperaba más de Allison Janney

Artículos relacionados

- Más de Oscar, No es país para viejos. También Little Miss sunshine

→ 16 CommentsCategories: Críticas
Etiquetado:

No es país para viejos. Opinión, crítica, reseña.

Febrero 11, 2008 · 23 Comments

CONTIENE ALGÚN SPOILER

Valoración ****

A más de uno, leo por ahí, se le han atragantado las secuencias de Tommy Lee Jones en No es país para viejos, sin embargo, se me antoja que quizá sean ellas las que encierren la verdadera carga semántica de la cinta. La mirada lacónica del viejo sheriff le marca las pausas y el tempo a la acción de la película, la cacería entre Bardem y Brolin. La persecución arranca con Brolin apropiándose de 2 millones de dólares que no son suyos, con la legítima intención de hacer feliz a su Carla Jean, aunque sería más preciso afirmar que el inicio lo supone su imprudente necesidad de volver a la escena del crimen para facilitarle agua a un moribundo en un acto de bondad que apenas cabe en esta sofocante historia. A partir de ese desliz es cuando Bardem, transmutación última del mal en las carnes de un asesino, que según Harrelson no posee sentido del humor, aunque parece disponer de uno muy peculiar, le persigue implacablemente por el yermo estado de Texas. Brolin le mira alternativamente el rostro al diablo en una continuum de secuencias sangrientas y elementales, en las que se las arregla para seguir con vida, jugándosela a cara o cruz, en una mezcla de suerte de último momento y fatalismo absoluto.

La precisa puesta en escena de Los Coen, que sostiene casi 90 minutos está brutal versión del juego del ratón y el gato, puede llevarnos a engaño sobre el verdadero duelo de la cinta, por lo que sus autores llegado el momento de la escena de El Paso apuestan por una abrupta elipsis que anula el esperado clímax final. El resultado es traer al primer plano, con encuentro explicitado entre fantasmas en un habitación de motel, el enfrentamiento que realmente da sentido a la cinta, el de Tommy Lee Jones asumiendo la llegada de una nueva ética resumida en la expresión deshumanizada de Bardem, en sus disparos de aire comprimido, propios de los mataderos más sofisticados, y en un sencillo cara o cruz. Es esa moral del azar la última victoria de lo que representa Bardem: la inédita posibilidad de que el mal se perpetúe sin rostro, sólo por la lógica de la fatalidad. Su pregunta, ¿Qué es lo máximo que has perdido a cara o cruz?, se vuelve absolutamente siniestra en cuanto que da lo mismo la respuesta a escoger, puesto que el resultado está inevitablemente marcado mucho antes de lanzar la moneda al aire.

Lo mejor: Todo su reparto

Lo peor: En algún momento la metáfora del título se me hizo más evidente de la cuenta.

→ 23 CommentsCategories: Críticas
Etiquetado: , , ,

Breve análisis 4×02. Confirmed dead, Perdidos

Febrero 9, 2008 · 7 Comments

CONTIENE SPOILERS

Muerte confirmada es el título del 4×02 de Perdidos. De lo primero (muertes) sólemos tener bastante en la serie, a veces incluso demasiado, mientras que de lo segundo (confirmaciones) más bien poco. Siendo precisos en este episodio no sé nos confirma ninguna muerte, sino el espejismo de 324 de ellas, la de los pasajeros del vuelo 815 de Oceanic. Historia transversal que periódicos, radios y televisiones amplifican al nivel de tragedia, enmascarando la epopeya que realmente se está vivendo en la isla. Una noticia que devuelve las teorías conspiratorias al primer plano y que aparece como hilo conductor de la presentación del nuevo equipo de rescate, que con un inusual flashback (este es el primero que ocurre tras el accidente) se nos darán a conocer. 4 rescatadores, por cierto, a cada cual más desconcertante. Un físico chiflado que llora sin motivo al enterarse de que han encontrado los restos del avión, un cazanfatasmas fraudulento que quizá venga a exorcizar la cabaña de Jacob, una antropóloga social que, en un giro de tuerca a la iconografía de la serie, encuentra un oso polar en el desierto tunecino, y, por último, el piloto que realmente debería haber conducido el vuelo desde Sidney. Y esto es lo que más me gusta del peculiar rescate, que venga el piloto de verdad a recoger a sus pasajeros, a ver si acaba con el trabajo que su sustituo dejó a medias y se gana el sueldo de aquel día, completando el viaje hasta Los Ángeles, que en su momento no pudo realizar, en una de esas curiosas segundas oportunidades que, de vez en cuando, ofrece la Isla.

Mención especial

  • A la broma de Walt más alto, al riñón de Locke, a la pregunta sobre el humo negro, a que se apueste más por el plano general, y a que los personajes se comporten con más coherencia que en temporadas precedentes

Artículos relacionados

Análisis 4×01, 3×23, 2×24

→ 7 CommentsCategories: Series de televisión
Etiquetado: , ,

Austen y el cine

Febrero 8, 2008 · 5 Comments

A la prosa de Jane Austen le gustan las categorizaciones, la clasificación de las relaciones humanas en adjetivos contrapuestos. Estoy pensando en Orgullo y prejuicio, también en Sentido y sensibilidad. Es posible que sus novelas se confundieran hoy día con malas comedias románticas. Mucho hay en ellas de literatura del cotilleo para damas adineradas, aunque por suerte a sus páginas nunca les falte ironía. Sin embargo más allá de eso Austen ofrece virtudes propias; una precisión absoluta para definir a cada personaje, y varios hallazgos sentimentales que trascienden su carácter de novelas para la hora del té.

Entre las múltiples ocasiones que ha sido adaptada a la gran pantalla, una de las últimas, Orgullo y prejuicio, de Joe Wright, brilló con relativa intensidad por ser una agradable versión repleta de ritmo. La interpretación de Keira Knightley, como personaje central, resumía la esencia de la cinta : encantadora y liviana. Ese mismo año, por cierto, vio la luz La joven Jane Austen, pirueta narrativa entre la vida de la novelista y su obra, que, en realidad, no era más que una de esas malas comedias sentimentales de las que arriba hablábamos y encima con ambiciones metaliterarias. Quizá continúe siendo Sentido y Sensibilidad la mejor versión de una de sus obras, por la manera en la que Ang Lee modernizó la pompa inglesa, sin frivolizar jamás el sentido que los británicos conceden a las relaciones. Hay un contrasentido curioso en esta cinta, en lo que se refiere a la relación que se establece entre Marianne y Willoughby. El episodio emocional está narrado con tantísima pasión, sonetos de Shakespeare mediante, que al espectador le resulta tan difícil como a la propia Winslet aceptar la lógica del final, propio de alguien tan conservador como Austen, en el que ella acabará prefiriendo al impasible y aburrido Coronel, en lugar de al imprevisible, atractivo y canalla Willoughby. Un defecto que acaba convirtiéndose en virtud, de esa manera en que a veces las historias no pueden escapar de su genialidad, por la paradoja de que esos minutos acabarán siendo los mejores de la cinta. Supongo que es la consecuencia lógica de colocar la poesía de Shakespeare a la altura de la literatura de Austen.

Y hoy resulta que estrenan Conociendo a Jane Austen.

Otros apuntes literarios.

Clásicos inadaptables y sobre James Ellroy.

→ 5 CommentsCategories: Reflexiones sobre Cine · Reflexiones sobre películas
Etiquetado:

Análisis 4×01. The beginning of the end, Perdidos

Febrero 1, 2008 · 15 Comments

CONTIENE SPOILERS

Hay en este capítulo, consecuencia inevitable de la finale de la tercera temporada, algo de esa tristeza que esperaba escondida a asaltarnos, una vez que nos hubiéramos recuperado del efecto shock de los últimos 5 minutos de la famosa secuencia del aeropuerto entre Jack y Kate. Algo de esa ansiedad que se escapaba del ¡Tenemos que volver!, pero también algo de la desesperación que subyacía en el aparentemente inútil sacrificio de Charlie. Ambos, héroes de heroicidad frustrada, que al intentar conducir a sus compañeros hacia la liberación los habían colocado a sólo un paso de la condenación. Hay mucho de eso en la que es la mejor escena del episodio, cuando Jack le confiesa a Kate, frente a los restos del naufragio, que parece que ha pasado casi un siglo, desde el día en el que se acercaron ellos dos y el mismo Charlie a la cabina del piloto, preguntándose de qué iba todo esto. Por eso tiene bastante sentido que sea el personaje de Hurley el que encabece esta prémiere. Y eso que, particularmente, su historia no me emociona demasiado. Sin embargo es él, por los motivos que veremos, el único capaz de dar la réplica (y el sentido) a las dos gloriosas gestas que Charlie, en presente, y Jack, en futuro, llevan a cabo ¿inútilmente?. Además de ser el que mejor puede seguir sosteniendo en la cuerda floja el difícil equilibro entre drama y ciencia-ficción, con el que Perdidos lleva 4 años jugándosela. Su demencia es la perfecta coartada para sacar a pasear a todos los fantasmas de la isla, Jack, Christan, Charlie… sin desvelarnos si es la isla la que se manifiesta, o es su locura la que le traiciona.

Hurley se ha convertido en el perfecto médium para los espejismos de la isla, ahora que la propia isla (en el futuro) ha acabado erigiéndose en el mayor espejismo de todos. Sólo hay que fijarse en como los caminos han empezado a diluirse, no sólo en la historia de esos héroes que no saben ni de qué se tienen que liberar, sino también físicamente. Atendamos sino a como todos los personajes, aun estando repartidos por la selva en diferentes grupos, se cruzan justo en el mismo sitio. Y para un episodio que se titula El principio del fin este sitio, paradójicamente, resulta ser frente a la cabina del piloto, allí donde todo empezó.

Lo mejor

  • El contraplano de la cabaña de Jacob
  • La vuelta de Christian Shephard y de Charlie
  • La presencia de los restos del avión
  • Que Hurley tenga su mejor capítulo desde el 1×18, Números

Lo peor

  • Le falta algo de magia para ser un arranque de temporada
  • La música de Giachinno por primera vez me ha puesto nervioso
  • La intro menos trabajada, y aún así está bastante bien, de todas las premiéres.

Artículos relacionados

Finale de la segunda temporada de Lost, Finale de la tercera temporada de Perdidos,

→ 15 CommentsCategories: Series de televisión
Etiquetado: , ,

Un viaje alucinante. Opinión, crítica, reseña…

Enero 29, 2008 · 2 Comments

Un Viaje alucinante es, cuanto menos, una película… curiosa. Un grupo de científicos reduce su tamaño, hasta no llegar a ser ni la milésima parte de lo que eran, y se embarca, literalmente, en una excursión por el interior del cuerpo humano. Es como mezclar la épica de Julio Verne con la lógica de El increíble menguante. Y añadirle algo de Érase una vez el cuerpo humano. Sobre todo esa confianza casi ciega en la medicina: la fantasía de la microcirugía como salvación última. La ciencia se alía aquí con su hipótesis más extrema, la ciencia-ficción. Y ambas se benefician. No hay catastrofismo. Sólo una fantasía sencilla, reconfortantemente ingenua, con apenas una facilona trama de espionaje como coartada. Es como participar de una gran sesión de Imax, o contemplar la más psicodélica de las lámparas de lava a tamaño diez veces el nuestro. Este viaje hacia el centro del cuerpo humano podría ser una aventura precursora de las de Steve Zissou. Y es que mucho tiene Un viaje alucinante de este género. Hay también piratas (los glóbulos blancos) y un océano de plasma, cuyo interior alberga el misterio de la vida. Es como una odisea espacial, sólo que hacia dentro, aunque por momentos nos encontremos navegando por el desconocido planeta de la psique humana. Es cierto que hay un cambio de escala, del espacio exterior a las membranas de nuestro cuerpo. Una reivindicación de la mirada microscópica sobre la telescópica, ante el riesgo de que por mirar lejos dejemos pasar más de una cosa. Sin embargo, lo importante es que tanto en alguna galaxia lejana o navegando por nuestra sangre, las respuestas que buscamos son exactamente las mismas. Sólo se trata de reducir lo infinito (y todas esas preguntas que nos hacemos) al tamaño de una bacteria.

Valoración ***

Lo mejor: La solución de escape final en el ojo.

Lo peor: Me resulta demasiado previsible.

→ 2 CommentsCategories: Críticas

Brokeback Mountain (Y la muerte de Heath Ledger)

Enero 23, 2008 · 9 Comments

Valoración *****

Me cuesta referirme a una película como Brokeback Mountain si no es escupiendo sangre en el pavimento. Creo que sólo es posible hablar de la cinta de Ang Lee frente a una gran jarra de cerveza, con toda la tarde por delante y mascando tabaco. Pero ante la reciente muerte de Heath Ledger, he decidio arriesgarme a ello. Y, sobre todo, a recordar esa escena, con la que Ang Lee recupera, a escasos minutos del final, el primer encuentro en Brokeback Mountain de Ennis del Mar y Jack Twist. Una vuelta al pasado, que puede parecer fuera de lugar, en una película tan clásica, en la que todo discurre por dónde debe discurrir, como es esta. Esta secuencia, aparentemente, no aporta más que un aliento romántico. Ennis se aproxima por la espalda a Jack y le susurra al oído, Te vas a quedar dormido de pie como los caballos. Es un segundo, pero quizá condense como ningún otro el porqué del dolor y la frustración de todos los años que aún les quedan por vivir a ambos. Pero es todavía más, esta es la primera vez en toda la cinta en la que Ennis se muestra tierno, y, sin embargo, Lee no nos lo revela más que a pocos minutos de acabar. Hasta ese momento nos ha sido mucho más fácil entender a Jack. Ennis ha sido el hombre taciturno, el amante egoísta, el vaquero que sólo sabe hablar trás el ala de su sombrero. Sin embargo, a partir de entonces, entendemos que Brokeback Mountain no es tanto la película de un trágico amor, como la historia del propio Ennis.

Es este un amor difícil, que parece que no compensa, del que devora los años. Un amor lleno de resquemor, con las cosas siempre a medio decir, y, por momentos, mezquino, rudo… Lo que hace a Brokeback Mountain brutalmente honesta es justamente Ennis del Mar. Un tipo que no sabe hacer las cosas bien, porque nadie le ha enseñado a hacerlas bien, y que pese a todo, jamás podremos dudar de que su amor por Jack es tan intenso, como el que este siente por él. No puede tener Brokeback Mountain mejor final que el que tiene. Ennis buscando delante de las camisas, con la sangre reseca y coagulada de los dos, las palabras con las que acabar el juramento que siempre quiso hacerle a Jack. Al final no las encuentra, pero es lo mismo, porque Jack sabe perfectamente que el día que Ennis le pegó un puñetazo en la cara, le estaba diciendo que le amaba.

Lo mejor: Ledger, Santaolalla, Lee, Prieto, Gyllenhaal…..

Lo peor: Que se la acuse de templada

(Al payaso que acaba de perder la sonrisa)

→ 9 CommentsCategories: Críticas

Jarhead. Opinión, crítica, reseña.

Enero 7, 2008 · 7 Comments

Valoración ****

Aparece en Jarhead, una y otra vez, la metáfora de la guerra como un conflicto sostenido en el limbo de una tierra de nadie. La reducción de lo bélico a su mínima expresión. Sin ejércitos, sin batallas. Si la Guerra del Golfo fue la guerra que nunca existió, Sam Mendes no ha podido estar más certero. En Jarhead la guerra es un simulacro, una larga voz en off, que ilustra con desoladora elocuencia la verdad de un conflicto, que para los americanos ni siquiera tuvo lugar. El cineasta construye, según esto, los pimeros 2/3 del metraje cómo la crónica del día a día de unos soldados, instalados a la espera de un combate que nunca llega, cuando es más que probable que esta guerra ya haya sido jugada e incluso ganada antes de que empiece. Y resuelve posteriormente el último tramo de la cinta con la imagen de unos enfrentamientos a ciegas, en los que ni siquiera se atisba al enemigo, más que tanteando, entre la polvareda levantada por una tormenta de arena. No es que Mendes esté minimizando los horrores de la guerra al no mostrar sus atrocidades, sino que al contrario, está constatando que no hay mayor horror que su propio vacío.

Jarhead es el perfecto símil para la I Guerra del Golfo, pero también la metáfora exacta para entender las luchas armadas en un mundo en el que hemos asesinado las ideologías. Los soldados de Jarhead constituyen el absurdo más absoluto de todo esto. No saben ni por qué luchan, menos aún contra quién lo hacen. La única respuesta la brinda un arranque de poesía casi al final de la película, un caballo corriendo por debajo de una lluvia de petróleo. Desencriptando la imagen encontramos que es ese mismo oro negro el único motivo por el que en la actualidad siguen realizándose las guerras, y que está tan adherido a la piel del equino, como lo está a nuestra corrupta visión del mundo.

Lo mejor: Gyllenhaal y Saasgard.

Lo peor: El apego a los aforismos militares.

→ 7 CommentsCategories: Críticas

Heroicidades

Diciembre 31, 2007 · No Comments

Photobucket

Es una tarde cualquiera. La lluvia interrumpe su concierto callejero. Precisamente en Wonderwall. Así que Charlie recoge sus cosas y se pone en camino . Algo le detiene. En un callejón, un hombre a punta de navaja intenta robarle el bolso a una joven. Sin saber muy bien cómo, ni de dónde ha sacado el valor, Charlie se lanza a socorrerla. Golpea con la guitarra al atracador. Y este huye despavorido. Charlie no se puede creer lo que ha hecho. El pulso le tiembla, la voz no le llega. Se ríe de si mismo. La última vez que participó en una pelea tenía ocho años y además ¡la perdió!. “Eso te hace incluso más que un héroe” le replica la mujer a la que acaba de salvar. Charlie la mira sin comprender, “¿Cómo?”. “Tres personas han pasado por delante, tres, y tu eres el único que se ha detenido a ayudarme” le asegura ella. “Eres un héroe y no dejes que nadie te lo niegue nunca”. Muchos años después cuando a Charlie le quedaban escasos minutos de vida, dedicó, como buen rockero, unos segundos a recordar sus grandes éxitos. Y en el el número dos escribió algo así como “Aquel día en el que una mujer me llamó héroe a las afueras del Covent Garden”.

Supongo que los héroes del siglo XXI son como Charlie. Supongo que no necesitan de superpoderes, ni de efectos especiales. Que se equivocan y lloran por las noches. También que son anónimos y no se enfundan mallas. Supongo que si Superman existiera hoy día no volaría con capa, sino en las rutas comerciales de la línea Océanic. Por eso, a todos esos héroes que he conocido este 2007, héroes que todavía puede que no hayan descubierto cual es su principal superpoder, asegurarles que, aunque no lo confiese en voz alta, o no utilice el hueco dispuesto para lo propio en el tal myspace, han sido, con diferencia, el descubrimiento del año. Mi kriptonita, mi debilidad. Y por tanto, también, el número 1 de los grandes éxitos de mi triste y miserable excusa de 2007.

 

→ No CommentsCategories: Reflexiones sobre Cine · Series de televisión

Almodóvar y Tarántula.

Noviembre 25, 2007 · 14 Comments

El travestismo es la hipérbole del maquillaje. Su variante mediante la lógica del género. Un intento de asumir los rasgos del sexo contrario, sin la complicidad genital y por la vía de la parodia. La filmografía de Pedro Almodóvar fue durante años cine de aspecto drag. Sus películas se apropiaron, a través del colorete, de los atributos de lo femenino. Con el tiempo el manchego fue a más. Llevó el travestismo hacia el extremo de la transexualidad. Sustituyó el espectáculo de lentejuelas por la cirugía plástica (equivalente del siglo XXI a las transmutaciones). Así su cine se desvío hacia las gónadas sexuales. Y lo cómico dejo paso a lo (melo)dramático. Pero Almodóvar en su camino hacia el bajo vientre alcanzó todavía un tercer estado: el hermafroditismo. El cineasta conjugó hábilmente en un mismo cuerpo lo masculino (oscuro, retorcido, artificial) y lo femenino (luminoso, natural), empeñado en reunir nuevamente las dos mitades del universo, no como excluyentes, sino como complementarias. Su búsqueda de la verdad mediante el fetiche de los órganos sexuales le ha valido para convertir su filmografía en toda una digresión sobre la diferencia de géneros. El título y argumento de su próximo proyecto (La piel que habito/Tarántula) así lo acreditan. Pero a Almodóvar, director venéreo por vocación, esa evolución le ha llevado más allá. Le ha llevado a convertirse en uno de los escasos autores que comprenden que la felicidad del corazón empieza, antes que nada, con la de la entrepierna.

 

Más de Almodóvar. Curiosidades de su cine, sobre Volver, sobre Volver y Los otros, y sobre Todo sobre mi madre.

→ 14 CommentsCategories: Reflexiones sobre Directores